"No solo los 'fascistas'..."

Publicado el 03/06/2024 a las 05:00
A propósito de la violencia en la primavera de 1936, de la que hablé en mi artículo anterior, el Gobierno español, en manos de la izquierda republicana, se aferró a un diagnóstico de la situación no muy diferente del que manejaba la prensa socialista y comunista: que solo los “fascistas”, y, más concretamente, los falangistas, eran una amenaza para la democracia.
Que los de José Antonio Primo de Rivera fueron protagonistas de muchos episodios violentos es algo que toda investigación confirma. Al menos, solo en los meses de aquella trágica primavera, y en cuanto se ha podido determinar, fueron protagonistas de 68 episodios violentos, que dejaron 145 víctimas, mientras tuvieron en sus propias filas 189 entre muertos y heridos graves en total. Fue la cifra más alta, activa y pasiva, de actores concretos conocidos, dentro del bloque derechista, aunque ellos aborrecieran tal denominación.
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Si embargo, los Gobiernos republicanos que se sucedieron en este tiempo negaron o disculparon públicamente la responsabilidad de sus socios de la izquierda obrera en el desencadenamiento de la violencia, aun sabiendo que era un hecho cierto.
Entonces existía la extrema derecha, que llevaba casi siempre el nombre de fascismo, nombre de peste y de plaga, mientras la extrema izquierda se adornaba con los nombres “gloriosos” de socialista, comunista y anarquista, sinónimos para muchos de progreso y de revolución. Casi como hoy.
Al no tener un discurso coherente con la violencia, viniera de donde viniera, y tampoco de los fundamentales derechos del hombre, esos mismos Gobiernos debilitaron la autoridad de sus propios gobernadores civiles, cuando más necesaria era, como lo demostraron algunos verdaderamente ejemplares, dado el comportamiento de muchos dirigentes de la izquierda obrera, socialista-caballerista o comunista, y dados los abusos y arbitrariedades de no pocos alcaldes. Al negar que muchos episodios graves de violencia habían sido causados por extremistas procedentes de las filas del Frente Popular, los republicanos de izquierda que formaban el Gobierno - pequeños ”burgueses” siempre para la izquierda obrerista- quedaron atrapados por lo que Del Rey y Álvarez Tardío llaman “un velo ideológico desprovisto de realismo”. Por más que pidieran a sus gobernadores que se emplearan a fondo contra los “perturbadores” derechistas, la violencia no desaparecía y más se estimulaban los abusos en las detenciones gubernamentales de derechistas, en las relaciones laborales o por medio de la presión anticlerical. Un maniqueísmo pueril, a la vez que atroz, que divide el mundo simplonamente en buenos y malos, en luz y tinieblas, sin concesión y excepción alguna , y que divide al mismo tiempo la mente humana en dos, está en la raíz de tamaña perversión.
Sustituyamos la violencia -ya casi imposible hoy, dado nuestro nivel de vida dentro de la Unión Europea- por las muestras de ira y odio, y la constante aversión entre siglas políticas y colores ideológicos, que nos perturban y nos envilecen, y entenderemos mejor, con la ayuda de la historia, algunas de las causas de nuestro desasosiego actual.
Aquella falsa política de orden público y de convivencia cívica no solo dividió al partido socialista en dos; enemistó a los republicanos más sensatos con los dirigentes de la izquierda revolucionaria, y dio alas a todos los enemigos de la República, perjudicando así el proceso de su consolidación democrática. Algo de eso ¿no estará ocurriendo, “mutatis mutandis” (en verdad, es mucha la diferencia), entre nosotros?
PD. Hablando de fascismo, recuerdo de nuevo a Oriana Fallaci: “Conozco dos clases de fascistas: los fascistas y los antifascistas”.