La sonrisa de Román

Actualizado el 22/05/2024 a las 08:58
Un toro ha prendido por el muslo a Román Collado en Vic-Fecensac y lleva un tabaco de tres trayectorias. Lo veo en las fotos, prendido de un pitón, intentando concebir el cielo y suelo en la desorientación que producen todas las cogidas. Antes que las fotos, llegaron los mensajes y los tuits confusos que hablaban de un helicóptero que nos imaginábamos camino de no sé dónde transportando al torero herido en una urgencia que sobrevolaba la certeza de lo trágico.
Desde que lo cogió un toro de Baltasar Ibán en Las Ventas - la muerte raseaba el albero y en el callejón Eduard Limonov se preguntaba si seguía vivo-, todas las cogidas de Román son la de Santanero, que lo levantó del muslo y lo enarboló ante los tendidos asombrados como una bandera de lo terrible.
A Román se le han acerado las facciones. Los toros labran la cara de los toreros que se juegan los muslos y les abren surcos, huecos y arrugas por las noches sin dormir, el compromiso y tanta jindama vencida tarde tras tarde. Por el careto yo podría decir cuáles son los toreros que se pasan la muerte por los muslos y los que pasean por ahí.
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Román, valenciano de madre francesa, hijo de la ruta del Bacalao, de niño quería bailar ballet y siempre fue por el mundo en una aparente ligereza, que en francés se dice ‘légèreté’. Hay que agradecerle esa cosa suya liviana ahora que todo es grave y definitivo y la gente sale a la ‘boulangerie’ al otro lado de la calle como si cruzara el Hades. Los toreros vienen a este mundo a hacernos soportables las fatigas, el atasco, el papeleo, la cita en Hacienda, la enfermedad y la certeza de ser finitos.
Mientras otros nos dejamos caer en el sofá de casa quejándonos de que necesitamos más tiempo para nosotros mismos, él se pasea por la vida en un impulso de sonrisa atravesada por el rayo de la herida. Impone una consciencia torera en la que el sol que él representa solamente adquiere verdadero sentido enfrentado a su sombra. La sonrisa de Román es una forma cierta de revolución. Fuerzas oscuras traman contra su alegría, pero nos tendrán enfrente.