"La Real Academia de la Lengua de Javier es un organismo con un único sillón en el que él se sienta naturalmente al revés"

Publicado el 02/05/2024 a las 05:00
Javier ha cumplido cuatro años y le han regalado un ‘minosaurio’ que hace ‘groarrr’ y, si le arrimas la mano, cierra la boca y te muerde. La Real Academia de la Lengua de Javier es un organismo con un único sillón en el que él se sienta naturalmente al revés, esto es con los pies en el respaldo y la cabeza colgando por donde las piernas, pues así es como él se sienta habitualmente. Su gramática imparte reglas laxas y cambiantes de manera que ‘minosaurio’ al minuto se dice ‘bilosaurio’, ‘belusaurio’ y otros saurios que va enunciando en serie, como una metralleta de palabras truchas, si alguien le pide que diga ‘dinosaurio’. Javier es un niño tangencial con su tangencial lenguaje que se va acercando poco a poco a la propiedad en el habla sin llegar a tocarla en ningún momento. Yo creo que Javier habla distinto porque ve el mundo de manera distinta y como a Manolito Vidal, que dejaba de ser tartamudo cuando hablaba en público, le va más rápida la cabeza que la palabra. Este niño habla de picassianas maneras y donde hay una letra pone otra y cambia las palabras, las modifica, despliega y recompone después cuando las pronuncia en un cubismo que en algunos momentos resulta lógico y otras veces, indescifrable. Quizás sucede que la dicción, la composición del lenguaje y las demás cosas se le quedan cortas para entender lo que en ese momento está pensando, y entonces inventa sus realidades y las bautiza sobre la marcha. El torero se esconde tras el ‘burdalero’ y en el ruedo hay arrastradores de toros y otras cosas que murmura y que él solo ve. A Javier le andan alrededor toros que solo existen en su cabeza y amigos a los que bautiza con nombres como de arponero de un ballenero y que se llaman todos Capchyuk, Chakam, Malbuk o lo que buenamente se le ocurra llamarles en ese momento. Tampoco aquí repite nombre, pues esos personajes con los que se imagina viviendo aventuras a la salida del colegio son tan reales pero también tan efímeros que se ahorra la tediosa tarea de buscarles un nombre definitivo. Yo insisto en que pronuncie bien una palabra, aunque solo sea esa, como si intentara coserlo a la realidad y al final, cuando la pronuncia –“dinosaurio”-, me suena tan vulgar.