El mismo día que Sánchez escribía una carta ridícula, gesticulante, como de galán de telenovela, el Barça culmina su semana de dolores anunciando que Xavi se queda"

Publicado el 28/04/2024 a las 05:00
Tengo un buen amigo, a pesar de que es escritor y culé. En asuntos literarios estamos casi siempre de acuerdo; no así en política, y mucho menos en cuestiones futbolísticas, que son las que de verdad importan. Desde hace años, no perdemos ocasión de meternos el dedo en el ojo a través del wasap cada vez que nuestros respectivos equipos pierden un partido o son eliminados de un campeonato. Este año, a sabiendas de que no lo está pasando muy bien, mantuve silencio, pues no hay que lancear a un muerto, menos si es un amigo. Pero, ah, desde que el Real Madrid metió en una caja fuerte a los demonios del Manchester City y el F.C. Barcelona perdió todas las opciones en la Liga y la Champions, mi amigo enloqueció y comenzó a bombardearme el chat. En sus mensajes no había rastro de argumentos deportivos, todo se reducía a una conspiración mundial del gran iluminati Florentino Pérez. Me dio la risa; la parroquia culé está a un paso de abrazar el tierraplanismo. El Barcelona culminó su semana de dolores con el anuncio de que Xavi se queda. Como madridista lo digo, es una gran noticia. El mismo día Pedro Sánchez escribía una carta ridícula, gesticulante, como de galán de telenovela, en la que anunciaba que quizá se vaya, que se lo va a pensar, que a ver si me queréis más… Ya corren por las redes las versiones musicales de la misiva compuesta por el ChatGPT: una cosa bastante melosa que parece hecha para ganar el Festival de San Remo, si es que tal cosa aún existe. Llegó Zapatero para convocar una manifestación en apoyo al presidente -si me queréis, venirse-, y Felix Bolaños llamaba “jauría” a los críticos con el presidente. Jauría. Eso sí: lo hacía con voz meliflua de pelota de la curia romana. Recuerdo los insultos a Aznar; las agresiones físicas a Rajoy; los escraches; aquellos titulares que un día sí y otro también terminaron por hundir a Alfonso Guerra y Felipe González. De Adolfo Suárez, mejor ni hablamos. En tanto, Sánchez sufre en silencio haciéndose un Xavi.