"María, la periodista"

"Ressa percibe que recuperar la confianza en el periodismo de hechos y pruebas resulta mucho más caro y lento, mientras que la mentira se fabrica y difunde en unos minutos"

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Gabriel Asenjo

Publicado el 27/04/2024 a las 05:00

A María Ressa (60 años) se le cita en las escuelas de comunicación porque más que periodista se le considera la periodista. Galardonada con el Nobel de la Paz de 2021 junto con el también periodista represaliado, el ruso Dmitri Murátov, premiada con el World Press Freedom de la UNESCO, vive en Manila pendiente de juicios y amenazas que le podrían costar la vida. Alumna y profesora en Princeton, de nacionalidad filipina y estadounidense, dirigió las delegaciones de la CNN en el Sudeste Asiático. Su fama la alcanzó como cofundadora de Rappler, una web filipina pionera del periodismo digital, un referente en la búsqueda de la verdad desde la investigación y los datos.

¿Por qué citar en estos momentos a María Ressa? Ahora que vivimos año de cólera política y elecciones en España, Europa y Estados Unidos, Ressa advierte en su biografía del poder de las plataformas tecnológicas que se enriquecen al convertirse en distribuidoras de mentiras fabricadas por otros, como un virus que trata de infectar a los electores. Bajo el título Cómo luchar contra un dictador. ¿Qué estas dispuesto a sacrificar por tu futuro? (Ed Península. 2023), cuenta su vida al tiempo que ofrece un curso de ética periodística denunciando la impunidad on line de los agentes de desinformación.

Pero, por otra parte, cuando se acusa a los periodistas de peones de combate en la polarización que alimentan los políticos españoles, también conviene recordar que la premio Nobel representa otro estilo poco reconocido: sin ser reportera de guerra viste con chaleco antibalas desde 2018, lo cual delata que existe otro periodismo de riesgo de muerte, de profesionales perseguidos, escondidos, asesinados, presos y desaparecidos que, paradójicamente, no tienen prensa que les dedique titulares. (Con más periodistas encarcelados en el mundo que en cualquier otra época, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) documentó hasta diciembre 94 asesinatos en el mundo de trabajadores -9 mujeres- de medios de comunicación).

Si la calidad democrática de un país se mide por su libertad de prensa, María Ressa advierte que el asesinato lento de la democracia comienza en su país, en Filipinas, porque, entre otras cosas, la prensa representa la fuerza incómoda de la gente para exigir cuentas a los gobernantes. ¿Por qué Filipinas? Por su enorme empleo de móviles y ordenadores a comienzos de este siglo y por el uso del inglés, el país asiático se convirtió en terreno ideal para las llamadas granjas de cuentas, clips e influencers. Todo comenzó cuando jóvenes estudiantes inventaban seguidores falsos para subir al número uno a sus cantantes favoritos. Más tarde esos jóvenes que convertían un hashtag en trending topic, decidieron ganar dinero ofreciendo su marketing de cuentas fraudulentas a los políticos. Así Filipinas se convirtió en banco de ensayos en el mundo para las verdades alternativas, la manipulación y la creación de tendencias, hasta el punto de que la mayoría de likes que Donald Trump sumaba en Facebook en su primera campaña electoral provenían de fuera de Estados Unidos y que uno de cada 27 seguidores de Trump eran de Filipinas.

Ressa explica en su biografía las tácticas de guerra de desinformación desplegadas en su contra por Duterte, el expresidente filipino, recordado por cientos de muertes extrajudiciales bajo la excusa de la lucha contra la droga. Al verse descubierto, el gobierno de Duterte adoptó la estrategia de acoso público desde Internet contra el portal de noticias Rappler creado por Ressa y sometido a amenazas y acusaciones penales inventadas. Ressa percibe que, contra las falsedades prefabricadas, recuperar la confianza en el periodismo de hechos y pruebas resulta mucho más caro y lento, mientras que la mentira se fabrica y difunde en unos minutos. “Nos propusimos un periodismo de excelencia para hacer del mundo un lugar mejor”, aunque en el recuerdo queda una fecha: 23-XI-2009 con una masacre de 58 personas, entre ellas 32 periodistas, en pleno día y atribuida a un candidato político.

Ahora su futuro depende de causas penales pendientes. “No puedo planificar mi vida”, afirma, pero se niega a rendirse en su tarea por recuperar el Estado de derecho en el mundo digital y “no manipular lo peor de la naturaleza humana para conseguir el poder” porque eso promueve mensajes de odio y violencia en internet que, anticipa, conducen a violencia en el mundo real y lastrarán a la siguiente generación. Cara a cara con Mark Zuckerberg le advierte del beneficio que Facebook obtiene por la difusión de “desinformación” y por dar noticias de otros elaboradas en función de las recompensas de visualizaciones. Circunstancia que condiciona a percibir el sensacionalismo por encima de la objetividad alterando nuestras emociones para hinchar de forma artificial votos de indignación o aprobación.

Entre ejemplos de estrategias para influir en la opinión pública considera que los rusos disponen de un ejército digital barato para silenciar el argumentario de quienes se oponen a sus intereses creando cuentas falsas o ejércitos de boots y diseminando metarelatos a la hora de apropiarse de Crimea y de Ucrania o interviniendo a favor del Brexit o del procés en Cataluña como oportunidades para debilitar a Europa.

Gabriel Asenjo. Doctor en Ciencias de la Información.

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