Símbolos y útiles del nuevo nacionalismo vasco

Publicado el 15/04/2024 a las 05:00
Del nacionalismo vasco podríamos decir que lo sabemos todo. Por falta de historiadores, politólogos, ideólogos, sociólogos..., no será: Elorza, Corcuera, Fusi, Aranzadi, De la Granja, De Pablo, Chueca, Mees, Juaristi, Antxustegi, Iriarte, R. Ranz, Arbeloa, Jaurrieta, Fuente...
Gamboinos y oñacinos, carlistas, integristas, euskaros, euskalerríacos... Y el nacionalismo étnico y excluyente de los excarlistas Arana Goiri (los vascos como raza diferente), lingüístico (“Si algún español se ahoga...”), y sobre todo confesional (“Nosotros para Euzkadi, Euzkadi para Dios”).
Y todo un universo simbólico, con mitologemas, conmemoraciones, lugares de memoria: el euskara, los nombres vascos, megalitos, bosques y montes, árboles santos, mitología vasca, folklore vasco, deporte vasco, fueros, 1512, Amaiur, 1839... Más tarde, el Aberri Eguna. Después, la “ardilatxa” (la ovejita, frente al toro español), el Arrano Beltza, los reyes navarros, 1841, 1936, el hacha y la serpiente...
Pero todo eso puede parecer muy antiguo y hasta ingenuo, si leemos Begirada: Una mirada al país del futuro (2023), de Pello Otxandiano Kanpo, candidato de Bildu a la Presidencia del Gobierno Vasco y sucesor de Arnaldo Otegi, todo un ensayo-programa-proyecto con el fin de construir, según el prologuista Otegi, una “Euskal Herria más sostenible, más justa y más libre (...) en una República Vasca de iguales”.
Otxandiano, que jamás menciona las palabras “España” ni “Unión Europea”, como si Euskadi fuera una isla en el Atlántico o una altísima nube, parte de un cambio de época, que describe a su manera, pero al llegar a la “Euskal herrigintza” (construcción nacional), ve “la botella medio vacía”: decadente demografía, irrupción de la digitalización (espacio vasco comunicativo diluido en el español), entrada de fondos de inversión, rotonda autonomista... Según él, estos últimos años se ha gestionado la inercia, no se ha sabido preparar el futuro y el clientelismo se ha vuelto endémico. A la hora de elogiar “la movilización” y “la protesta” colectivas de los años pasados, “se olvida” de ETA y de cuarenta años de terror.
Al preguntarse cómo recrear la “identidad nacional”, ve urgente “construir una poderosa narrativa de país”, con el feminismo y la defensa del medio ambiente y la justicia social como vectores fuerza. Entre los seis retos públicos está ”reproducir nuestra identidad nacional”, la “pertenencia a una comunidad abierta y solidaria” frente al neoliberalismo, el enemigo presente en todas las páginas, y a los “nacionalismos reaccionarios” . Asegurar el liderazgo del sector público, construir el Marco Vasco de Relaciones Laborales y conseguir la “democratización de la empresa”, tanto en la gestión como en la propiedad, son algunos de sus primordiales objetivos.
A la política convencional, que no le gusta, opone el autor una confusa “gobernanza cooperativa”, a través del municipalismo, siempre “en clave soberanista” -¡donde se incluye la extensión del modelo D al “ocio infantil y juvenil”!- y de una “gobernanza feminista” en transversalidad radical.
Y todo un último capítulo sobre la soberanía política, aunque la palabra-concepto “soberanía” impregna todas las páginas. Propugna los nuevos proyectos de estatus políticos sobre la CAV y CF de Navarra, con sistema judicial propio y Marco Vasco de Relaciones Laborales, dotados de capacidad de decisión en todos los sectores, posibilitando la “articulación institucional y/o funcional entre los territorios de Euskal Herría sobre un modelo confederal”, y bilateralidad con el Estado. Paso previo, claro, aunque esto no lo diga, para la independencia. El joven (41 años) Otxandiano no menciona, aparte de la lengua vasca, un solo símbolo tradicional del nacionalismo vasco, pero tampoco los rechaza, y conocemos bien la capacidad de HB, ETA o BILDU en mitologemas, conmemoraciones y lugares de memoria.
Por si hubiera dudas sobre la primacía de la lengua, al ensayo-programa del candidato se añaden varias páginas sobre la “Construcción contemporánea del sistema educativo vasco”, donde todo es “planificación escolar”, “euskaldunización” y “cultura vasca”. Y sobre “Política lingüística: la posibilidad de un salto”, trabajo en el que ante el mundo global de hoy y el estancamiento de la curva de uso del euskera, se urge su oficialidad en todo el territorio, la “euskaldunización de los espacios”, insistiendo en “el ocio infantil y juvenil”, y, en definitiva, en “generalizar y reinventar el modelo D”, uniéndolo a “la transmisión de la cultura vasca”, convirtiéndolo en D+.
Como se ve, la falta de realismo del proyecto es alarmante, y por eso amenazante, porque el realismo es el fundamento de todo pensamiento constructivo y de toda sociedad democrática. Aunque velado, el marxismo totalizante aparece como fondo en todo el ensayo. Y la lengua, tras el control de la educación, como supremo medio de la construcción nacional.
Víctor Manuel Arbeloa es escritor