"El increíble Fermín Echauri"

Publicado el 10/04/2024 a las 05:00
Contaba la leyenda que el siete de julio de 1934, creyeron que Fermín Echauri había nacido muerto, así que dejaron su pequeño cuerpo sobre la carbonera. La chica que trabajaba en la casa, de la que ahora no recuerdo el nombre, se apiadó de él y, “como no quería que se muriera morico”, tomó en brazos el cuerpecito del recién nacido y lo metió debajo del grifo para bautizarlo. Fermín revivió del susto y, renacido en el agua helada de Pamplona, arrancó una vida a contra pronóstico que duró poco menos de 89 años, hasta el sábado pasado. Contaba él mismo en conversaciones deliciosas, que su hermano Miguel, el pintor, siempre había sido el apuesto de los dos. Miguel vivía en la cara de la luna que se ve y Fermín en la otra, por eso se llevaban tan bien y habían vivido toda la vida juntos, como una unión de fuerzas complementarias. Si Miguel había estudiado en una academia de West Point, había triunfado en Uruguay, había conocido al Ché y a no sé cuántos mandatarios y se había convertido en un pintor de éxito, Fermín decía que mientras tanto, él había pasado el tiempo “fumando y cotilleando con las mujeres de la familia”. De aquel sustrato creció una vida galáctica, divertida y fecunda en los márgenes de la que disfrutamos mucho sus amigos y se benefició notablemente su ciudad. Fermín trajo a los grandes artistas a Pamplona, decoró multitud de espacios, montó dos galerías, la fundación de su hermano y llevó en su cabeza la historia del arte y de su tierra de la que no sé si le reconocerá algún día todo su amor y su desvelo. Hablo de aquella Pamplona a la que trajo el primer Tapies, de vanguardias fulgurantes y tradiciones que se perdían en la luz de los tiempos, y hoy quiero recordar al increíble Fermín Echauri en una eterna sobremesa o con una copa de champagne en su casa, casi sin asomarse a la calle de la que ascendía el eco la jota a San Fermín cada año en la mañana de su improbable cumpleaños. Fermín vivió en una zona de penumbra, un vórtice entre el pasado reconocido, y apreciado, revisitado le dicen ahora y una noción de futuro que lo alumbraba a él y a los que tuvimos la suerte de compartir su tiempo y su deliciosa presencia. DEP.