"Volveré: Puigdemont, candidato"

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Manuel Pulido

Publicado el 04/04/2024 a las 05:00

Como era de esperar, Puigdemont anunció hace días su candidatura al Parlament de Cataluña para el próximo día 12 de mayo. Lo hizo desde Elna, ciudad fronteriza francesa, sede en su día del obispado del Rosellón, y lo ha hecho declarando: quiero volver (volem retornar) y recuperar la presidencia perdida tras la aplicación del articulo 155 CE. Para los nostálgicos del carlismo en Cataluña, ha redimido al pretendiente Carlos VII, cuando dijo en Valcarlos volveré, aunque no volvió nunca. La política del aventurero de la Moncloa ha hecho un pan como unas tortas, puesto que, o bien Puigdemont gana las elecciones, o exigirá si el PSC triunfa que le invistan como presidente.

La pregunta es qué hará ERC ante esta situación. Si se echarán en manos de los Comunes de Colau y de la CUP o le exigirá a Sánchez que le vote, o consumará un gobierno de concentración independentista con órdago a la gruesa. Todo un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma, como dijo Winston Churchill de Rusia en 1939. La Moncloa bien merece un misa y el sacrificio de Salvador Illa, que como la cabeza del bautista va ser servida, probablemente, en bandeja. Nuestro querido presidente, con su política personalista, ha hecho un gran servicio a España. Una suerte de reedición de los Pactos de familia en la que el único ganador es él, y los perdedores, como con Carlos IV, la Nación española, que parece anestesiada ante su futuro político. Es pronto, sin embargo, para pronosticar qué pasará, pero se aventa. Es cierto que aunque la legislación electoral no le impide en principio presentarse, el pretendiente no pisará seguramente suelo patrio hasta que el Gobierno le garantice la inmunidad o impunidad, según se vea.

Es cierto que el TS puede ordenar detenerle si la amnistía no ha entrado en vigor, pero pocos jueces querrán someterse al lawfare o persecución por parte del Gobierno y de su columna mediática. En cualquier caso ha reculado en los últimos días sobre la posibilidad de volver sean cuáles sean las circunstancias. López Burniol, el gran articulista de La Vanguardia, tiene escrito con autoridad que el PSOE vuelve en la actualidad a su pasado revolucionario, hoy diríamos, populista, convirtiendo en excepción, por un lado, el largo mandato de Felipe González, al mudar en 1976 (Suresnes) al viejo partido de Pablo iglesias en un partido moderno de corte socialdemócrata, y de otro, ha vuelto al Pacto de San Sebastián (agosto de 1930, antesala de la II República), al pactar con los nacionalismos, especialmente con el catalán. Recuérdese que el Coronel Francesc Maciá (primer presidente de la Generalidad republicana) proclamó el Estado Catalán bajo el régimen de una República Catalana el mismo 14 de abril de 1931, obligando a Azaña a revertir la situación y aprobar el Estatut de Nuria en 1932, en un discurso en el que rivalizó con Ortega Gasset y en el que la Historia ha demostrado que el autor de la Rebelión de las Masas, tenía razón. Sánchez no es Azaña, ni en lo físico ni en lo intelectual. No es el Verrugas, sino el handsome, el guapo con andares de chulo de tranvía, según lo define Cayetana Álvarez de Toledo, y no es comparable intelectualmente. Pero reincide en el mismo pecado que el autor de La Velada en Benicarló, el de la soberbia, con lo que esperamos que nuestro presidente catalanizado no tenga que entonar algún día, el paz, piedad, perdón, aunque sea desde Barcelona.

Todo está en el aire, incluida la amnistía. Puede incluso que celebrándose las elecciones el día de Santo domingo de la Calzada se haga realidad el milagro, donde cantó la gallina después de asada. No sabemos qué cantará el día 12 o 13 de mayo, Puigdemont. Pero lo cierto es que los idus de marzo parece que tendrán réplica en los de mayo. ¿Quién hará de Marco Junio Bruto como con Julio César? Es la incógnita.

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