"Si nos pone más rabiosos Acebes o Rubalcaba que el atentado mismo, igual es que estamos enfermos"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 13/03/2024 a las 05:00

Hay un recuerdo íntimo en el que el 11-M es todavía un hecho común, un lugar en el que podemos encontrarnos unos a otros. Ese espacio, a salvo de los cainismos que hoy nos llevan como los demonios, pervive en el recuerdo tan preciso de dónde estábamos aquella mañana en que la muerte tomó posiciones en los andenes de Madrid. Yo estaba en mi piso alquilado, un apartamento tan pequeño que lo apodábamos ‘La Soyuz’ como la nave espacial. Daba a un patio junto al paseo de la Castellana: muebles de Ikea, una pequeña televisión y un sofá hasta el que me arrastré con 40 de fiebre en la consciencia de que el horror había soltado a sus perros. En la tele aparecían los heridos transportados sobre las puertas que habían volado con la explosión, la imagen de aquella señora desmadejada boca arriba, muerta entre los hierros y toda aquella gente ensangrentada y sentada en los bordillos improvisados de nuestro espanto.

Pensé en tomar la cámara y salir, pero no pude. Pensé en donar sangre, pero no pude. Por la ciudad avanzaba una onda expansiva de silencio en no sé qué augurios y cuenta creciente de víctimas: seis, doce, al menos 25. La Castellana quedó suspendida en un vacío de sirenas y de acelerones de taxistas en los que imaginábamos heridos acostados en el asiento de atrás en los que esa misma madrugada se besaban los amantes.

Pero de pronto pasamos de contar muertos a contar mentiras y porcentajes de intención de voto para un posible vuelco electoral. La solidaridad y la unión dieron paso a la cizaña en la que estamos todavía en la que todos tienen la culpa menos los que tuvieron la culpa y, como se jodió el Perú, se jodió mi pobre Españita. Y sigue rota o eso creo, tanto que si mañana por la mañana matan a doscientas personas en Madrid, habría gente que pensaría que nos lo tenemos merecido por esto o por lo otro. Si nos pone más rabiosos Acebes o Rubalcaba que el atentado mismo, igual es que estamos enfermos. Hay heridas que con el tiempo se van cerrando y luego hay otras como esta que cada día parecen más abiertas. 

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