"La adolescencia y su decisión más importante"

"Admitamos con confianza que el error es fuente de aprendizaje y fortalece la propia personalidad"

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María Luisa Sanz de Acedo

Publicado el 13/03/2024 a las 05:00

En la etapa de la adolescencia se toman normalmente decisiones determinantes para la vida. Decisiones asociadas a diversas preguntas, tales como ¿qué Grado académico deseo estudiar?, ¿qué me gustaría ser de mayor?, ¿qué tareas laborales podré realizar?, ¿qué papel quiero desempeñar en la sociedad? Estas cuestiones no son sencillas de contestar, pues requieren reflexión, búsqueda de información y apoyo de las personas cercanas, principalmente. Las respuestas a qué estudiar deben estar dirigidas por un pensamiento orientado hacia el futuro, por un sentido de propósito, de compromiso personal y de autoeficacia que deben estimularse en los entornos académicos de la Educación Media y Secundaria. En otras palabras, lentamente se han de fomentar en los adolescentes una imagen positiva y esperanzadora de su porvenir que les motive hacia el estudio y les ayude en su realización personal y profesional. Es bueno, pues, que comentemos a continuación los pasos a seguir en una toma de decisión, algunos factores que influyen en su recorrido y la importancia del diálogo con los padres y educadores.

La decisión es una elección individual entre varias posibilidades que se nos puedan ofrecer. Algunas son fáciles, las tomamos con poco esfuerzo, sin control consciente, automáticamente; otras, demandan una preparación especial, sean las “vocacionales”, cuyo proceso puede llevarse a cabo siguiendo una serie de “pasos” que respalden su eficacia. Primero, definir con claridad qué se busca con la decisión a tomar; segundo, generar varias alternativas o posibles salidas de elección; tercero, valorar los puntos positivos y negativos de las mismas teniendo en cuenta influencias económicas, sociales, etc. y, por último, seleccionar la mejor, la que promete un resultado global más eficiente por ser la más cercana a los intereses y habilidades personales.

Este proceso reflexivo está influenciado por ciertos factores relacionados con: a) el tipo de decisión, afectado por el grado de incertidumbre sobre si se acertará con la alternativa elegida, la cantidad de información que se posee sobre, por ejemplo, los requisitos de acceso, las materias que se estudian o las posibilidades laborales; b) las competencias personales vinculadas a la motivación hacia la carrera, la experiencia que se tenga sobre la misma, las capacidades cognitivas que uno posee y el nivel de madurez emocional, y c) las variables del entorno, mayormente derivadas de la presión familiar, de amigos o de las redes sociales que puede ser grande, sobre todo cuando la carrera elegida es muy cara o competitiva. Son, pues, muchos los elementos que inciden en una decisión profesional que responda a las aptitudes y aficiones de uno máxime si se considera, además, que el mundo laboral y social evoluciona a velocidad vertiginosa y que surgirán nuevas ocupaciones para las que nuestra mente ha de estar mínimamente capacitada.

El papel de la familia es fundamental en este cometido. Los padres han de acompañar a sus hijos en todo el proceso de discernimiento de tal manera que se sientan arropados en un clima de confianza en el que pueda dialogarse y exponerse opiniones diferentes. También, los profesores y orientadores, como asesores naturales de los educandos, han de aconsejarles a lo largo del camino decisorio para que ante cualquier duda puedan acudir a ellos si lo necesitan. Evidentemente, la intensidad de la participación tanto de los padres como de los tutores dependerá del nivel de seguridad del estudiante a lo largo del trayecto académico hasta que culmine con una decisión bien informada y realista sobre su futuro. Como dicen los expertos el arte está en ofrecerles las máximas herramientas para gestionar esta travesía lo mejor posible y enfrentarla con tranquilidad e ilusión.

En fin, una decisión realizada con cuidado proporciona bienestar a todas las personas y más a los jóvenes que experimentan un mayor deseo de autonomía. Ahora bien, si por algún motivo no se acierta con la elección, si surge la decepción o el arrepentimiento, no hay que asustarse, es algo natural, lo primordial es reaccionar a tiempo y buscar nuevas opciones. Admitamos con confianza que el error es fuente de aprendizaje y fortalece la propia personalidad.

Me queda animar a los adolescentes a elegir carreras u ocupaciones coherentes con sus inquietudes personales para que se sientan más contentos consigo mismos y para que la búsqueda de oportunidades en el mercado laboral sea más factible. El esfuerzo académico basado en el talento personal y la responsabilidad por alcanzar la meta soñada sin duda alguna garantizarán el acceso exitoso al empleo.

María Luisa Sanz de Acedo Lizarraga. Catedrática de Universidad en Habilidades del Pensamiento y la Creatividad

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