"Las horas bajas de Zelensky"

"El conflicto parece estar estancado y todas las piezas colocan al presidente ucraniano en un laberinto político"

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JoaquÍn Garro

Publicado el 01/03/2024 a las 05:00

Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania, se enfrenta, una vez más, a un momento especialmente tenso en su relación con los aliados desde que se produjo la invasión rusa del territorio ucraniano. La destitución del comandante en jefe del Ejército de Ucrania, Valeri Zaluzhny, por parte de Zelensky el 8 de febrero de 2024, bajo el pretexto de falta de resultados tangibles en la contra ofensiva militar ucraniana de 2023 y con el objetivo de dar un nuevo impulso al conflicto, ahora estancado, podría atender, no obstante, a otras razones. El poder político necesita “resetear” la estrategia para darle un nuevo impulso a la guerra, declaró Zelensky el día de la destitución.

Zaluzhny gozaba de una gran popularidad entre la población ucraniana, incluso, mayor que la del propio presidente. Por ello, y en el contexto de las próximas elecciones presidenciales en Ucrania, a celebrar el 31 de marzo, el Teniente General se estaba convirtiendo en un posible rival poderoso a vencer. Hay que recordar que el 26 de septiembre de 2022, la revista Time dedicó su portada a Zaluzhny por lograr reconquistar, en apenas dos semanas, casi 6.000 kilómetros cuadrados de territorio que habían ocupado las tropas rusas.

Más allá del cambio en la cúpula militar, en el plano interno, Zelensky necesita resolver con cierta urgencia muchos de los problemas estructurales relacionados con la organización de sus fuerzas armadas y que afectan directamente a la guerra que libra contra Rusia. El primero de ellos, es el personal militar disponible y, para ello, está sobre la mesa una reforma de la legislación actual para facilitar futuras movilizaciones militares, muy impopular, pues supone el aumento de soldados para cubrir las numerosas bajas en el frente.

El segundo y, sin duda alguna, principal problema al que se enfrenta Ucrania en la guerra contra Rusia, es el de la falta de proyectiles de artillería pesada y misiles de largo alcance antiaéreos, derivado del corte de la ayuda militar por parte de Estados Unidos, pero también de los países de la Unión Europea.

El presidente Biden instó el 23 de febrero al Congreso de Estados Unidos a aprobar más ayuda militar a Ucrania (“el tiempo se agota”, señaló), a la vez que afirmó que carecía de un “plan B” para asistir a Kiev. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, declaró también el 18 de febrero que “estamos en una situación de guerra” y hay que agilizar la entrega de armamento a Ucrania porque “no podemos esperar más”, ya que la contienda puede resolverse en pocos meses en el campo de batalla. Los Veintisiete han “dudado mucho” y en “demasiadas ocasiones” por miedo a escalar en conflicto cada vez que había encima de la mesa el debate de autorizar nuevos equipos militares, como los tanques Leopard, los mísiles Patriot o los cazas F-16, señaló Borrell. Algunas voces críticas de dirigentes políticos europeos, como el de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, han señalado que existe mucha fatiga en todos los lados a la hora de afrontar la situación en Ucrania. Además, la victoria de Robert Fico (próximo a Moscú) en las elecciones presidenciales celebradas en Eslovaquia en el mes de octubre, y contrario al envío de ayuda militar a Kiev (al igual que el primer ministro húngaro, Viktor Orban), tampoco ayudan a Zelensky.

¿Se está cansando Occidente de la guerra en Ucrania y de su presidente? Zelensky estaría viviendo, probablemente, sus horas más bajas desde su llegada al poder en 2019. En una entrevista a The Economist, el pasado mes de septiembre, el presidente ucraniano reconoció que alguno de sus aliados estaría perdiendo la fe en la victoria militar ucraniana sobre Rusia.

Ni siquiera la reciente decisión de la UE de abril del 2024, los canales de admisión de Ucrania han contribuido para que Zelensky recupere el peso protagónico de antaño. El proceso de admisión de Ucrania como futuro miembro de la UE choca con ciertas resistencias internas que, igualmente, podrían complicar su adhesión comunitaria.

El conflicto parece estar estancado y todas las piezas colocan a Zelensky en un laberinto político, a la vez que se vislumbra una cierta decepción y posible descontento occidental por el fracaso de la contraofensiva ucraniana, siendo cada vez mayores las insinuaciones y rumores occidentales acerca de la necesidad de un reemplazo en la presidencia ucraniana en las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales.

A la vista de esta situación no parece que Zelensky esté pasando por sus mejores momentos. Parafraseando a Churchill, podemos decir que “el éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal. Es el coraje para continuar lo que cuenta”.

Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología

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