Europa, cuesta abajo

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Carlos Medrano

Publicado el 29/02/2024 a las 05:00

Este año que tenemos elecciones europeas, muchos nos preguntamos hacia dónde va Europa. ¿Sentimos nuestro al parlamento europeo o lo vemos más como el enorme hiper regulador continental? Yo apuesto más por lo segundo, ¿acaso no han hecho el ridículo mundial regulando la Inteligencia Artificial (I.A.) siendo, como somos, el vagón de cola de la innovación en este y otros sectores? Si alguien estafa a alguien con la I.A. ¿acaso no le puede demandar? ¿De verdad los burócratas europeos saben hacia dónde va a ir una tecnología tan incipiente?

La UE ha abrazado la agenda 2030 con cuyos objetivos estamos todos bastante de acuerdo, reducir la pobreza, cuidar el medio ambiente, etc... El problema es que la han secuestrado para avanzar en el totalitarismo de esas élites lejanas. Unos políticos que nos marcan por un lado qué debemos hacer y por otro qué está prohibido, quedando para el ciudadano una franja cada vez menor entre uno y otro lado. Nos tratan como menores de edad, como si no supiéramos valernos por nosotros mismos, como si Europa hubiera nacido ayer. La UE no llega ni al 5% de la población mundial, y vamos a ser los salvadores del mundo. Ya hemos visto lo que ha pasado con la energía en Alemania. Su apuesta por el gas ruso, el cierre de las centrales nucleares y abrazar la energía renovable le ha conducido a un encarecimiento de la energía que ha dañado gravemente a la industria. Alemania (la exlocomotora de Europa) ha tenido déficit comercial por primera vez en décadas y ha dicho el Bundesbank que entrará en recesión técnica en este trimestre.

El país exportador de los BMW, Mercedes, Bosch, etc.… se ha vuelto incompetente al coste energético que se han autoimpuesto. Y han errado tanto, que han tenido que abrir con urgencia minas de carbón abandonadas (el mundo al revés). Apertura de minas a las que, por cierto, se enfrentó Greta Thunberg, la santa del movimiento verde, ¿Con qué se van a calentar en invierno? La UE se hizo rica gracias al capitalismo democrático que llaman democracia liberal, al trabajo bien hecho, a sus instituciones, y sus valores de libertad, comercio libre, ahorro, propiedad privada, etc... Pero en la riqueza de toda sociedad está la semilla de su decadencia (leed a Daniel Bell, profesor de Harvard), es el nuevo despotismo ilustrado. Desde Europa nos lanzan un falso manto protector que reciben con agrado gobiernos como el nuestro, para, con la supuesta bondad de sus intenciones, coartar nuestras libertades a cambio del maná subvencionado. Y los ciudadanos lo recogemos sin percibirnos que el dinero no cae del cielo, sale, o, mejor dicho, saldrá de nuestros bolsillos. Porque con una mano nos dan, pero con la otra nos quitan más de la mitad de lo que ganamos en impuestos. Si esto no es alienación que baje Karl Marx y lo vea. La fatal arrogancia de esta clase extractiva no les permite ver que el mundo sigue girando. Y que las subvenciones y aranceles esclerotizan a la industria y ahora al campo. A corto plazo, todos contentos. Pero a medio y largo plazo seremos (Alemania ya lo es) unos incompetentes internacionalmente, porque el mundo ha seguido mejorando su oferta mientras nosotros nos movíamos en una silla de ruedas autoimpuesta. Entonces, ya será demasiado tarde para levantarnos y competir. Habrán conseguido crear una sociedad dependiente de los políticos y burócratas y de sus ayudas celestiales. Mientras tanto subsistimos gracias al manguerazo monetario del BCE. Un BCE que nos asustaba hace un año diciendo que iba a exigir reducir el déficit y la deuda. Pero ahora “nos alivia” diciendo que, si gastamos más de lo que ingresamos en la buena nueva, es decir, en lo que nos marca la agenda 2030, podremos seguir quemando gasolina fiscal. Es decir, sigue la fiesta derrochadora. Esto nos lleva a que se va a perpetuar la inflación, más si cabe si nos anuncian que este año habrá más bajadas de los tipos de interés por parte del BCE. El mayor robo de la historia delante de nuestras narices. Nos quitan poder adquisitivo mientras señalan a los empresarios como culpables de las subidas de precios. La subida de precios no es culpa del tendero, es vuestra culpa porque inundáis la economía de euros por encima de lo necesario. Ya lo decía el padre Martín de Azpilcueta, Dr. Navarrus, refiriéndose al oro de las américas, “En España el dinero vale menos que en Francia porque aquí hay más”. Estas políticas nos llevan al decrecimiento económico. Un movimiento teórico contra el que ya escribí en este periódico hace más de 10 años, pensando que era una quimera sin valor ni tracción social, pero que a las vistas está, triunfa hoy en esta Europa decadente. Así las cosas, ¿A quién votamos?

Carlos Medrano Sola. Economista en www.eximiaconsultores.com

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