"El valor social de la empresa"

Publicado el 26/02/2024 a las 05:00
El viernes, nueve de febrero, Diario de Navarra y la CEN, con el patrocinio de Caixa Bank, entregaban el III Premio Navarra Empresarial a María José Ballarín Domeque, presidenta del Grupo Obercorp, accionista único de Obras Especiales y consejera delegada de esta empresa. En 1979, su padre, José Ballarín, había creado “de cero” la compañía. Ahora cuenta con 300 trabajadores y 60 obras en marcha por toda la geografía nacional, además de la construcción de una central hidroeléctrica en Chile.
La jornada de este año ha tenido un triple objetivo. Destacar y premiar la labor del Grupo Obercorp. En segundo lugar, “reconocer la tarea diaria tantas veces oculta del empresariado navarro” y, finalmente, poner en el horizonte empresarial a los jóvenes, representados, ese día, por 200 invitados y que constituyen el vivero de nuevas iniciativas empresariales en el futuro inmediato.
Hay que considerar que con esa jornada nos quedamos cortos. En realidad, lo mismo que hay una fiesta nacional dedicada al trabajador, debería existir una jornada nacional para conocer y ennoblecer la función del emprendedor. Sólo si hay emprendedores hay trabajo. Y sólo con empleadores buenos habrá trabajo digno.Por eso, es tan importante que todos los años Navarra dedique un día a poner de relieve el importante papel que juega cada empresa, aunque sea muy pequeña, creada o asentada en nuestra comunidad, para generar empleo, riqueza y bienestar social.
Curiosamente, la concesión del premio a una mujer coincide con un momento en el que el perfil mayoritario de las personas atendidas por la Cámara de Comercio de Navarra, en el marco del “Programa España Emprende”, es el de “una mujer entre 25 y 54 años con estudios universitarios que trabaja por cuenta ajena o que proviene de una situación de desempleo”.
Detrás de la mayor parte de las empresas hay una persona emprendedora que tuvo una idea innovadora relacionada con la creación de un bien útil o de un servicio que cubra una necesidad individual o social. Pero, además de tener la idea, se decidió a ponerla en práctica con el riesgo que implica invertir tiempo y dinero en algo rodeado inicialmente de incertidumbres. Uno de los aspectos en los que más ha progresado la sociedad en los últimos veinte años es en la percepción de la figura del empresario. De ser el símbolo de un sistema capitalista, explotador de la clase trabajadora, a convertirse en una persona con iniciativa emprendedora, con visión de futuro y capacidad de poner en riesgo su propio patrimonio para hacer realidad su idea. Así han surgido la mayor parte de las empresas, tanto del sector industrial, como de servicios.
Las empresas no sólo constituyen un valor económico. Son, al mismo tiempo, un valor social. Lo entendemos, sobre todo, cuando se anuncia que un empresario va a invertir en la creación de una empresa con tantos puestos de trabajo en una localidad, así como cuando, por el contrario, una empresa anuncia que se va o que cierra y que causará un número determinado de desempleos. Nunca se habla solamente de la empresa, sin añadir al mismo tiempo, el número de puestos de trabajo que va a generar o destruir. La creación de polígonos industriales en todo el territorio navarro ha nacido de la idea de crear anclajes económicos que consigan el arraigo de la población en un horizonte de trabajo y de prosperidad.
Navarra ha disfrutado de momentos espléndidos y de políticas especiales (recordemos el PPI de 1963) para la atracción de talento, así como de inversiones en nuevas iniciativas empresariales. Esto ha sucedido cuando sus políticos no han pensado en derrochar recursos para fomentar planteamientos puramente ideológicos, en muchos casos claramente opuestos al desarrollo económico, como lo es ahora mismo, el aberrante rechazo del tren de alta velocidad, sin el que quedaríamos aislados de las grandes conexiones ferroviaria con España y Europa. Las sociedades y las regiones están cada día más interconectadas. Todo lo que sea aislamiento provoca la fuga de talentos, la pérdida de iniciativas sociales y empresariales, la huida de los inversores. Esto indica que si queremos generar empleo y bienestar, es necesario valorar las empresas como un bien que hay que promover y estimular para que nazcan nuevas iniciativas y para que las que están asentadas no se vayan. Por otro lado, nos quedaríamos a medio camino si lográsemos un avanzado sistema educativo, profesional y universitario, sin el complemento de un sistema empresarial, cada vez más dependiente de la Inteligencia Artificial, cuyo desarrollo está vinculado, en buena parte, a las dos universidades y centros de investigación. “Se necesitan personas con formación y actitud”, afirmaba con contundencia desde su larga experiencia empresarial, María José Ballarín. Nuestro sistema universitario y el de formación profesional, para el que, desde la Consejería de Educación se anuncia un importante cambio cualitativo hacia el sistema dual, son una garantía para las empresas de que van a contar con trabajadores bien formados. La actitud se genera en entornos sociales que facilitan e impulsan el emprendimiento.
Luis Sarriés Sanz. Catedrático de Sociología Industrial