"El sector agrario no se merece esto"

Actualizado el 22/02/2024 a las 16:40
Hace ya muchos años (serán unos 35) tuvimos la fortuna de ver cómo el Presidente del Gobierno de Navarra (por cierto, del mismo grupo político que el que ahora dirige el Palacio Foral) le decía a su Consejero de Agricultura: “Los agricultores necesitan esto y aquello, tú te ocupas de hacerlo con tu equipo”. Ahora el estilo parece ser otro, los primeros ejecutivos de los Gobiernos Foral y de la Nación no tienen tiempo para recibir a los agricultores y la respuesta es crear comisiones y culpar a Bruselas.
El sector agrario de Navarra (como el de otras regiones), decidió por la vía de Whatsapp salir a las carreteras y a las calles para expresar que quieren producir alimentos pero sin las exigencias del papeleo que los reglamentos, reales decretos y ordenes forales imponen sin ton ni son. El campo trabaja en silencio, se aprieta los machos cada mañana y afronta su día a día, pero ver a sus colegas alemanes y franceses reivindicando lo que tantas veces han maldecido en su casa, han hecho que se olvidaran de esperar a que las organizaciones agrarias reaccionaran y hayan dicho: “Basta ya!”.
Basta de obligaciones y normas, basta de barbechos cuando hay hambre e importamos miles de toneladas de cereales, basta de limitaciones en tratamientos curativos para plantas y animales cuando no hay sobre la mesa alternativas, basta de exigencias en suelo foral que no se exigen a los productos importados ni a las producciones de otras Comunidades Autónomas, …, basta, basta, basta. El campo no vive alentado para que produzca alimentos de calidad, sino atemorizado bajo la presión de inspecciones de todo tipo, cargas fiscales y laborales, y expedientes sancionadores.
Este movimiento improvisado del sector agrario de las últimas semanas ha merecido el reconocimiento y apoyo mayoritario de la sociedad (a pesar de las incomodidades que se han originado), que no olvida lo que pasó hace apenas cuatro años cuando se cerraron las ciudades y los pueblos. Sin embargo, hay que lamentar que no todos hayan estado a la altura de la reivindicación ni de las circunstancias. Empezando por la Presidencia del Gobierno Foral, que no se ha tenido hueco en su agenda para recibir a los portavoces del movimiento y escuchar sus peticiones (con todo el respeto y rechazando el acto puntual a la puerta de su casa). Tampoco lo han estado los miembros de su equipo de Gobierno que ofrecen como respuesta 49 medidas que sólo aportan propuestas voluntaristas pero carentes de concreción y presupuesto, así como la creación de Comisiones y Mesas de trabajo para diferir soluciones o trasladar peticiones a Madrid o Bruselas, porque allí están las competencias. Por favor, no engañemos a nadie: No hace dos meses se debatió en el Parlamento de Navarra la modificación de la Ley del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y se hicieron oídos sordos a las peticiones de mejorar la fiscalidad del sector agropecuario, muy discriminado respecto a la que soportan los de las diputaciones vascas y el resto del Estado de la Nación. ¿Hay que crear una comisión de debate el próximo mes de Marzo para esto? ¿Las medidas serían de aplicación en 2025? ¿La solución a la discriminación fiscal está en permitir que el pago de las indemnizaciones de los seguros se realicen en un ejercicio o en el siguiente (por cierto, esto mismo se rechazó también hace dos meses)? No, por favor, no engañen a nadie: Si se quiere (¿realmente se quiere?) se pueden tomar medidas ya (sí, ya!) con efecto ejercicio fiscal 2023. No es ser escéptico, se trata simplemente de revisar las actas de la Comisión de Hacienda del mes de diciembre.
Esta discriminación ha sido uno de los detonantes de la protesta, pero hay muchos más aspectos a resolver, de igual o mayor transcendencia:
- Sin agua no hay ganadería ni agricultura posibles: Y la que procede del cielo cada vez es más escasa e irregular. Hace 30 años Navarra fue valiente y apostó por construir el embalse de Itoiz. A día de hoy el agua no llega al Sur de la Comunidad Foral, y lo que es peor, se cuestiona su viabilidad y no hay un calendario concreto sobre la mesa de ejecución de esa fase final, ni se ha concretado su financiación. Pero el problema del agua no se agota con el Canal de Navarra, todo el territorio Foral requiere de un Plan de Regadíos, que lleva años en estudio y no está cercano el día en que pueda ser aprobado.
- El relevo generacional en las explotaciones agropecuarias es una ecuación muy compleja porque no existe un panorama mínimamente atractivo para que los hijos de los agricultores continúen en las empresas creadas por sus padres. Este relevo no se consigue sólo con ayudas, se requiere de un marco social y económico que aliente a los jóvenes a ser empresarios agrarios con unas perspectivas de poder vivir de su trabajo y en un entorno rural que les ofrezca los servicios adecuados, sin tener que vivir necesariamente en las ciudades.
- Los condicionantes establecidos en el día de la producción agrícola y ganadera son un auténtico vía crucis, con limitaciones superpuestas y la amenaza permanente de enfrentarse a expedientes sancionadores. La administración no debe ser un perro de presa, debe ser un lazarillo que guíe por las buenas prácticas y actuaciones.
- El Departamento de Medio Rural y el Ministerio de Agricultura han recurrido a lo fácil: La Política Agraria Común la dicta Bruselas. Lo que no reconocen es que unos y otros tienen voz y voto a la hora de establecer esas normas y nada, absolutamente nada, han dicho hasta ahora; al contrario, permiten que se establezcan de forma machacona normas y criterios avasalladores y en muchos casos sin sentido y luego los trasladan al suelo foral. Que ya va siendo hora de quitarse la máscara, el Carnaval ya pasó.
- La actual legislatura en el Parlamento de Navarra se aperturó hace cinco meses con el anuncio de múltiples leyes que lejos de alentar la actividad agraria amenazan con una retaila de limitaciones a la producción y sanciones de todo tipo por incumplir aquéllas. Pero no es esto lo que se necesita, se precisa fomentar la producción de alimentos de forma responsable con el medio ambiente, pero sin olvidar, por ejemplo, que hay plagas y enfermedades que sin tratarse de forma eficiente arrasan las cosechas; y para limitar el uso de un tratamiento eficiente debe disponerse previamente de una alternativa adecuada.
Son muchas cosas las que se pueden arreglar desde Navarra, no se trata aquí y ahora de hacer un análisis exhaustivo de todas ellas y de cómo pueden afrontarse. Ese papel de análisis y reivindicativo radica lógicamente en las organizaciones agrarias como representantes del sector, que parece están despertando gracias al movimiento de las bases. Pero para ello se requiere tomarse en serio el problema, ya que nadie sale a las carreteras y toma las calles si no se está en una situación límite, porque no debe quedar ninguna duda de que todos los que estos días se han manifestado están más a gusto trabajando en sus explotaciones y moviéndose por sus pueblos que cortando las carreteras y enfrentándose a las fuerzas de seguridad.
El viernes 16, después de la reunión con Consejeros del Gobierno Foral, muchos de esos manifestantes expresaban su amargura por la respuesta recibida. Lo entiendo perfectamente ya que no han recibido hasta el momento ninguna solución a sus problemas, pero también deben pensar esos miles de agricultores y ganaderos que siguen siendo necesarios para la sociedad y que ésta se lo reconoce, aunque lamentablemente ni el Gobierno ni otros muchos (representantes electos de los ciudadanos y de los propios agricultores y ganaderos), hayan estado a la altura de las circunstancias. Es evidente que las organizaciones agrarias deben hacer una reflexión interna y dejar paso a otros representantes, con nuevo talante y ambición; se ha demostrado que hay mucho talento joven en el campo y deben dar un paso adelante. Pero no es menos cierto que el sector debe expresarse unido para poner sobre la mesa tanto su papel en la Sociedad como sus reivindicaciones, y que el Gobierno y el Parlamento deben hacer menos gestos y aprobar más medidas reales y efectivas. A riesgo de ser iluso, todavía es posible que las respuestas de las Administraciones no sean promesas y grupos de trabajo, sino Leyes y Decretos Forales con medidas y plazos de ejecución concretos y presupuesto adecuado.
Por favor, por bien de Navarra y de su sociedad, el campo necesita más soluciones efectivas y menos engaños.
Juan Sáez Ruiz. Ingeniero agrónomo