"Pura emoción"

Publicado el 13/02/2024 a las 05:00
Hay cuestiones cuya respuesta parece ciencia ficción. Si antes de estrellarse el avión uruguayo en los Andes nos hubieran preguntado cuántos días sobrevive un ser humano en condiciones extremas, nadie habría acertado la quiniela. Sus 16 supervivientes sufrieron 72 días a más de 4.000 metros de altura y hasta 30 grados bajo cero. Hoy pueden contarlo. Probablemente porque asumieron que la dificilísima circunstancia les afectaba como grupo. Conmueve la capacidad de adaptación a la nueva realidad de los personajes y la aceptación de roles que transformó a un equipo de rugby en una sociedad. Una acertada denominación con la que el autor del libro Pablo Vierci bautizó esa agrupación de seres humanos organizada para salvarse y adoptó después el director de la película Juan Antonio Bayona. No hay objeto social más ambicioso. En más de una ocasión he leído o escuchado a supervivientes como Fernando Parrado, Roberto Canessa, Gustavo Zerbino o los primos Strauch que en la cordillera tuvieron que aprender a trabajar colectivamente para buscar el camino que les llevara a la salida, pero sobre todo a hacerlo de manera comunitaria, con la implicación y el compromiso colectivo. Y lo lograron. Compartían el objetivo de sobrevivir aceptando dos requisitos: estaba prohibido quejarse y echar la culpa de los errores al otro. Hubo también un pacto de entrega. Un algo así como te ofrezco mi cuerpo si muero para que tú vivas. La historia de los supervivientes podría haber sido recordada como una gigantesca tragedia. Hubo 29 muertos. Sin embargo, convirtieron un itinerario de dolor en un relato de amistad, humildad y solidaridad en el que por encima de la destrucción lo que pervive es que 16 personas se salvaron gracias a su manera de entender la cooperación. Esa fue la clave. Supieron que para salir adelante debían transformar el “yo” en el “nosotros”, más allá de sus propias diferencias. Bienvenidos sean los 12 ‘Goya’ logrados por la película que relata esta epopeya. Por la gigantesca capacidad de narrar una historia con tanto rigor como delicadeza y por elegir entre mil maneras de contar una que hace que el espectador vibre de pura emoción.