"¿Qué podemos esperar de China en el año del dragón?"

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AndrÉs Herrera

Publicado el 10/02/2024 a las 05:00

En los días próximos a la Fiesta de la Primavera -o Año Nuevo Lunar- se inicia en el Mundo Chino, como en el anuncio de cierto turrón, un momento tradicional de vuelta a casa -9.000 millones de desplazamientos, según estimaciones del Gobierno Chino- pero, también, de reflexionar sobre el tiempo del que venimos y los augurios que acompañan al nuevo año que se inaugura. Ese año nuevo viene abanderado con el signo del Dragón, símbolo de la fuerza, la suerte y la armonía. Tradicional divisa del poder imperial en el año que se cumple el septuagésimo quinto aniversario de la proclamación de la República Popular China. Con estos mimbres, parece un buen momento para preguntarnos qué podemos esperar del gigante asiático en este año tan emblemático. Lo haremos -principalmente- desde una perspectiva económica, pero también incluiremos algunos retazos de política interior y exterior.

En el plano económico, lo sucedido en China durante 2023 nos da pistas sobre el estado y los desafíos de la economía de la República Popular. El año se abrió con buenos pronósticos pero, tras encadenar una serie de malos resultados, se empezó a construir durante el verano una narrativa que apuntaba hacia el colapso de la economía china. Más allá de los presagios, China cerró el año con un crecimiento del 5,2%. Es decir, sobrepasando ligeramente la previsión oficial del 5%. Como ya se ha mencionado en publicaciones anteriores, la economía china viene mostrando una fuerte resiliencia ante las dificultades y el Gobierno chino dispone de una capacidad de acción y recursos financieros para -de una manera muy distinta a nuestros Ejecutivos- hacer frente a las dificultades.

Al contrario que 2023, este 2024 ha comenzado con pesimismo. Distintas instituciones occidentales han pronosticado un crecimiento para China inferior al 4,5% y así, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional publica una proyección de 4,2%. Sin embargo, los economistas chinos son más optimistas y esperan que el Gobierno fije una meta del 5%, aunque bien podría establecerla en el 4,5% con una agenda oculta del 5%.

Impulsar el crecimiento, restablecer la confianza económica y dinamizar el entorno empresarial serán objetivos prioritarios del Gobierno chino en 2024; como también lo serán gestionar las dificultades del sector inmobiliario y la deuda de los gobiernos locales. Ambos desafíos podrían convertirse en problemas de carácter nacional y explican tanto la visión de Xi Jinping de que el crecimiento deje de ser una meta en sí misma, sus políticas de recentralización del poder y su discurso de redistribución de la riqueza. En ese sentido, seguiremos asistiendo al esfuerzo del equipo dirigente del PCCh por impulsar las políticas de “prosperidad común” y “crecimiento de calidad” lo que, sin duda, encuentra resistencias entre aquellos miembros de la élite del PCCh, el Estado y el sector privado que se han beneficiado del modelo que ha caracterizado el desarrollo económico de China durante las últimas décadas. La idea expresada por Xi de construir una “potencia socialista moderna” no debe ser confundida con un regreso al maoísmo -de hecho, Xi parece estar más cerca de Liu Shaoqi que de Mao, pero esto daría para otro artículo- ni en su política interior (a pesar del aumento del control) ni en su dimensión exterior.

Es precisamente en el exterior donde China se enfrenta a su mayor desafío en este 2024: EE. UU. En primer lugar, Washington ha manifestado su voluntad de mantener la brecha tecnológica con Pekín y, a partir de aquí, ha desplegado una serie de políticas que van desde negar tecnología hasta incentivar la reconfiguración de las cadenas de suministro mundiales invitando al sector privado a salir de China. En respuesta, China seguirá aumentando sus inversiones en alta tecnología e incentivando inversión extranjera hacia sectores estratégicos en esta área. En segundo lugar, el enfrentamiento con China da puntos en la carrera presidencial hacia La Casa Blanca. Aquí hay algunas luces rojas y la principal es Taiwán. Actualmente, y tras el encuentro Biden-Xi durante la cumbre APEC (noviembre 2023), existe un consenso en torno al statu quo de Taiwán y la necesidad de reducir las tensiones bilaterales en otros campos. Sin embargo, la dinámica electoral estadounidense podría introducir modificaciones en este escenario, iniciando una política más hostil hacia la República Popular de resultado incierto. En el Año del Dragón, sin duda, las elecciones en EE.UU. serán el centro de todas las miradas en Zhongnanhai.

Andrés Herrera Feligreras. Sinólogo. Fundación Qili Fundazioa

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