El Rincón

Fumata blanca en el Palacio de Navarra

Un pacto PSN-Bildu construido aguas abajo del entendimiento básico entre Pedro Sánchez y Arnaldo Otegi

Ramón Alzórriz (PSN), el jueves en el Parlamento entre Laura Aznal y Adolfo Araiz (Bildu)
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Ramón Alzórriz (PSN), el jueves en el Parlamento entre Laura Aznal y Adolfo Araiz (Bildu)
Ramón Alzórriz (PSN), el jueves en el Parlamento entre Laura Aznal y Adolfo Araiz (Bildu)

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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 21/01/2024 a las 05:00

Ha sido una fumata blanca rápida y pacífica. Sin esconderse, como hacían hasta hace bien poco. Propia de dos socios ya muy acostumbrados al intercambio y con la maquinaria de los pactos muy bien engrasada. El Gobierno foral que preside la socialista María Chivite ha firmado este viernes su quinto acuerdo presupuestario con Bildu. Los abertzales colocan sus exigencias entre las prioridades públicas y, a cambio, dejan gobernar un año más al Ejecutivo tripartito PSN-Geroa-Contigo que salva así su principal compromiso político, el presupuesto de la Comunidad foral.

Bildu barre para casa. El texto del acuerdo está sostenido en una percha de buenas intenciones teóricas (el deseo de una “Navarra próspera, innovadora, plural y solidaria”¿y quién no?); está cuajado de guiños a la clientela política de Bildu (más dinero para medios en euskera y voluntad de captar ETB-3 en toda Navarra); está revestido de intervencionismo público (cribar subvenciones a las empresas, en más impuestos, en menos derivaciones a la sanidad privada); e incluye también mejoras y financiación para colectivos concretos (Personal de 0-3 años, Escuelas de Música, Red de Técnicas de Igualdad, Bomberos, etc.)

Y, además, como guinda, el acuerdo deja una partida de 4,4 millones para lo que Bildu quiera vía enmiendas. Es decir, barra libre con el dinero público para la izquierda abertzale.

Habrá quien piense que el pacto es barato, pero el acuerdo no se entiende sólo con los números. Lo que viene a ratificar es que avanza viento en popa la entente PSN-Bildu, esa que ha entrado en otra dimensión tras la entrega del ayuntamiento de Pamplona a Bildu. Un trenzado de intereses ligado aguas abajo del entendimiento básico entre Pedro Sánchez y Arnaldo Otegi que es el que decide todo los demás. Una riada que avanza a gran velocidad una vez roto el dique de contención que estaba ubicado en Pamplona y que ya ha elevado muchos grados la tensión y la incertidumbre social. ¿Hasta donde llegará el agua?No hay certezas y sí temores.

Los españoles, por el  entendimiento. El CIS, sí el de Tezanos, ha encuestado a los españoles sobre hábitos democráticos. Y sus resultados merecen un repaso, sobre todo entre la clase política. El 80% ven la democracia como el mejor sistema de gobierno. Los españoles si algo tienen claro es que la política está demasiado crispada y polarizada, creen importante reconducir esta situación ydemandan el entendimiento, el acuerdo, entre los grandes partidos nacionales (PP y PSOE) para los grandes temas; de la vida judicial a la fiscalidad pasando por la violencia de género. Vale. Entonces ¿qué es lo que no funciona? La voluntad de hacerlo realidad.

Esta misma semana se ha puesto en marcha una reforma de la Constitución para eliminar el término de “disminuidos” y sustituirlo por “personas con discapacidad”. Casi por consenso absoluto (el único que se ausentó en su voto fue Vox) y con celeridad. Es decir, si los partidos se ponen de acuerdo, se pueden hacer muchas cosas que parecen imposibles. La base es hacerlo por consenso, con acuerdos grandes. Justo lo que somos incapaces de hacer en España.

El silencio de los críticos. En estos momentos el PSOE ha preferido gobernar con independentistas y hasta con un prófugo al que hemos entregado la gobernabilidad del país con tal de levantar “un muro” frente al PP. Y en Navarra igual. Pudiendo usar a UPN como apoyo, el PSN da un portazo y se pliega sin rechistar a la línea de Pedro Sánchez: pactar con Bildu y entregarle el ayuntamiento de Pamplona. Cuesta entender como una decisión tan trascendental encuentre apoyo unánime en el seno del PSN. Desde luego no lo es entre sus votantes. La encuesta de CIES para este periódico reveló que los votantes socialistas navarros están partidos por la mitad respecto a este giro estratégico.

En cambio, en el PSN apenas han asomado un puñado de voces críticas, ex-consejeros socialistas con amplia vida profesional y libertad de pensamiento. Muy pocas voces. ¿Es real la unanimidad interna? ¿O obedece a que el partido se ha quedado en una pura formación de cuadros de cargos públicos y no quieren arriesgarse a dejar de serlo si expresan su disconformidad? Va a ser lo segundo.

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