"Hablamos, como podrán imaginar, de los ‘pellets’ en las costas gallegas y de la dispar acogida que han tenido según la playa política donde hayan recalado"

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José María Romera

Actualizado el 14/01/2024 a las 10:54

Vaya por delante que cuando se divisan elecciones nada es lo que parece, y que la catástrofe vista por unos puede ser anécdota menor a los ojos de sus opositores. Hablamos, como podrán imaginar, de los ‘pellets’ en las costas gallegas y de la dispar acogida que han tenido según la playa política donde hayan recalado. Ya teníamos claro que plásticos y océano componen un binomio inquietante. Pero habituados a tropezar en la arena con botellas, bolsas y envases diversos nos resistimos a interpretar el desembarco de unas simples bolitas de tereftalato de polietileno como un desastre medioambiental de dimensiones mayúsculas. Sin embargo la sombra del ‘Prestige’ es alargada y las autoridades gallegas trataron desde el primer momento de ahuyentarla, en uno de esos porsiacasos que al final producen el efecto opuesto al pretendido. Es lo que le pasó al conselleiro do Mar de la Xunta, quien, desde lo alto de su imponente título, proclamó que en caso de ingesta accidental por humanos los ‘pellets’ "entran por donde entran y salen por donde salen". Reconforta ver que la política se encomienda a la ciencia. El conselleiro siguió la estela de líderes que supieron afrontar otras alarmas sanitarias apelando al lenguaje de los expertos. Rajoy redujo la marea negra del Prestige en 2002 a unos “hilillos de plastilina”. En 1981, el ministro Sancho Rof nos tranquilizó al explicar que la intoxicación masiva por el aceite de colza había sido causada por “un bichito tan pequeño que, si se cae de la mesa, se mata”. Y en 2001, la también ministra Celia Villalobos abrió una vía imaginativa para la inmunidad contra la encelopatía espongiforme bovina con un consejo impagable a las amas de casa: “no usen huesos de vaca para el caldo”. Son gestos verbales destinados a sosegar a la población, que no excluyen el efecto colateral de escurrir el bulto. Pero la imagen de las brigadas de voluntarios en acción provistos de coladores de cocina no encaja con la petición de la Xunta al Gobierno español del envío de un contingente naval digno de la flota de Agamenón en el cerco de Troya. No se entiende bien que por un lado quieran minimizar el chandrío y por otro jueguen a exagerar las reacciones. A no ser que las bolitas de plástico hayan aparecido para animar la precampaña electoral. 

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