"Un muro con sus cimientos a prueba"

"La reanudación de la actividad política constata la fragilidad de un Gobierno de Sánchez en constante dependencia de sus múltiples socios y el refuerzo de la alianza entre los socialistas navarros y Bildu"

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Editorial DN

Publicado el 10/01/2024 a las 05:00

Apenas han caído las primeras hojas del calendario de 2024 y ya es posible vislumbrar con cierta precisión el terreno político en el que se moverán unos y otros. En Navarra y en Madrid. El parón navideño no ha obrado milagro alguno y los principales actores evidencian una imposibilidad de diálogo y búsqueda de un mínimo consenso que minorice una polarización que terminó el año desbocada. Tras el histórico viraje socialista y el regalo de la alcaldía de Pamplona a Bildu, al ciudadano de a pie al menos le queda el consuelo de poder constatar una realidad sustanciable: tanto el Gobierno de España como el foral han elegido a sus socios y a ellos atan sus destinos para la nueva legislatura. Y saber con claridad dónde está cada cual tiene valor. Pedro Sánchez lleva días sufriendo la presión de sus socios a cuenta de las votaciones hoy en el Congreso de tres decretos claves para el Gobierno de coalición. El líder socialista compró su billete de renovación en Moncloa cediendo a los anhelos de abertzales, nacionalistas, comunistas y secesionistas catalanes y, a las primeras de cambio, los dos últimos ya se han salido del tiesto para desatar uno de los nudos de la soga de la que pende la supervivencia del Ejecutivo. El famoso muro que Sánchez se afanó en levantar se resquebraja y de nada sirven cantos de sirena en búsqueda del PP como tabla de salvación por interés. Si el socio se llama Podemos o Junts, con el prófugo Puigdemont a la cabeza, sólo a ellos debe pedir cuentas. Y éstas, como se temía, apuntarán en cualquier dirección menos en el interés general de la ciudadanía. Y lo mismo puede aplicarse en Navarra, pese a que el portavoz Alzórriz lance cortinas de humo afeando a UPN, “las derechas”, no respaldar el “escudo social”. El Ejecutivo de María Chivite, desaparecida desde hace semanas, también ha escogido a Bildu como pareja de baile, y la sobreactuada moción de censura con la que expulsaron a los regionalistas de la alcaldía, además de dinamitar cualquier puente de entendimiento, refuerza la alianza con los abertzales. Con este panorama, lo mínimo exigible es poner a andar ya una Comunidad aletargada, con signos de decadencia, y que, siete meses después de las elecciones, aún sigue sin presupuestos.

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