"La otra guerra de Gaza"

Publicado el 06/01/2024 a las 05:00
Últimamente, destacados dirigentes de la República Islámica de Irán han realizado declaraciones enmarcando la crisis de Gaza en una estrategia más amplia con el objetivo no solo de destruir Israel sino también de acabar con la presencia de Estados Unidos en Oriente Medio. Ramazan Sharif, portavoz de los Guardianes de la Revolución (Pasdaranes), llegó a vincular el ataque de Hamas del 7 de octubre con el asesinato hace cuatro años de Qasem Soleimani, máximo responsable de la política exterior de los Pasdaranes. Ahora, tras el sangriento atentado del miércoles contra su mausoleo, les ha faltado tiempo para responsabilizar a ambos países de esa acción terrorista, elevando así considerablemente el grado de tensión ya existente en la zona. Soleimani es considerado el arquitecto del pro-iraní Eje de la Resistencia, que aglutina a los grupos palestinos Hamas y la Yihad, al libanés Hezbolah, a decenas de milicias sirias e iraquíes y a los hutíes yemeníes de Ansar Allah (Partidarios de Alá), autores de los recientes apresamientos de buques mercantes en el mar Rojo.
A las acciones hutíes, hay que añadir el centenar de ataques a las bases norteamericanas establecidas en Siria e Irak, causando decenas de marines heridos, como ha reconocido el Péntágono. También en diciembre, y después de que Washington propusiera una fuerza multinacional para proteger el comercio marítimo de la amenaza hutí, otro alto mando pasdarán anunció la creación de un nuevo cuerpo naval que se desplegará por el océano Índico, desde el golfo Pérsico hasta las costas africanas. Estaría integrado por 55.000 voluntarios “basijis” que, a bordo de barcos y lanchas ligeras, irían equipados con misiles Nasir. Además, la base de Konarak, la más próxima a Paquistán y la India, estará dotada con lanzaderas Talaeieh, capaces de alcanzar objetivos a 1.000 kilómetros de distancia.
Hasan Noruzi, uno de los políticos más influyentes del régimen iraní, ha echado más leña al fuego diciendo que, por ahora, es suficiente con la resistencia palestina, siria e iraquí, pero que no descarta la intervención directa de Irán si así lo hace EEUU. En ese momento, los pasdaranes bloquearían el estrecho de Ormuz, impidiendo la salida de buena parte del petróleo y el gas que exportan Irak, Kuwait, Emiratos Árabes, Bahrein, Qatar y Arabia Saudí. La especial relación entre estos grupos se ha visto reforzada por la estancia de Saleh al Aruri, uno de los principales líderes de Hamas, en el feudo urbano de Hezbolah en la capital libanesa. Al Aruri, que fue asesinado el martes por un dron israelí, encabezó la delegación de Hamas que se entrevistó el año 2019 con los máximos dirigentes de la República Islámica, consiguiendo entonces un considerable aumento de su millonaria ayuda anual para la “reconstrucción” y “desarrollo” de la franja de Gaza. Por lo tanto, nos encontraríamos ya ante un conflicto de ámbito regional que tendría a Gaza como factor desencadenante.
La incorporación de los hutíes a este conflicto regional permite comprender mejor el modelo político y social que propugnan los grupos que forman el Eje de la Resistencia y que tienen en la República Islámica su principal referencia. En concreto, la organización Ansar Allah, que domina el territorio hutí al norte del Yemen, está introduciendo en su proyecto político normas ultraconservadoras sobre la mujer y la sexualidad que ya han instaurado sus correligionarios integristas, implantando la obligación del velo, la segregación entre hombres y mujeres, prohibiendo que las mujeres viajen solas, luzcan maquillaje o sean fotografiadas en fiestas, destruyendo prendas “occidentales” y maniquíes femeninos en tiendas de ropa, instaurando patrullas de la moral o castigando la homosexualidad con la pena de muerte, además de acusar de “prostitución” a las activistas pro-derechos de la mujer, justificar su violación en las comisarías o cortar el pelo al cero a aquellas mujeres que contraigan matrimonio “con enemigos”.
Los hutíes de Ansar Allah reciben, como los demás grupos, entrenamiento, financiación y armamento de los Pasdaranes, cuerpo de élite que gestiona una parte considerable de los ingentes ingresos por la explotación de hidrocarburos. Hay que tener en cuenta, en este sentido, que sus dirigentes y cuadros profesionales llevan décadas diseñando estrategias tanto para exportar la revolución islámica como para reprimir las revueltas populares contra el régimen, como ocurrió hace un año tras la muerte de Mahsa Amini por llevar mal puesto el pañuelo islámico. Son también los responsables del asesinato de miles de opositores y de que Irán esté a la cabeza de las ejecuciones en todo el mundo, un modelo político y social que, indudablemente, se esconde tras esta otra guerra, de baja intensidad, que desde Gaza se ha extendido por Oriente Medio.
Manuel Martorell. Experto en política internacional y Oriente Medio