"La perniciosa deriva polarizadora del PSOE"

Publicado el 04/01/2024 a las 05:00
El debate político en España, habitualmente de brocha gorda y con más abundancia de insultos y descalificaciones personales que de razonamientos políticos, alcanza hoy, tras los últimos acontecimientos vividos, un nivel realmente deprimente. En un contexto, el de una extrema polarización política, totalmente asfixiante. A su amparo, se están tomando por parte del Gobierno y del partido socialista decisiones, a mi juicio, muy equivocadas, imposibles de compartir desde parámetros políticos e ideológicos propios de una izquierda democrática y europeísta. Produce perplejidad observar la profunda discrepancia entre un proyecto político, el del PSOE, articulado en torno a valores como la libertad y la igualdad, columnas del Estado social y democrático de derecho, y una práctica política ejercida -con nulo debate previo y sin ningún control real posterior- por parte de un reducido núcleo dirigente que, en mi opinión, contradice notablemente dicho proyecto. En cuestiones ligadas a la institucionalidad democrática del país y al principio de igualdad entre los ciudadanos. Los pactos de investidura, los acuerdos PSOE-Junts en Waterloo, la amnistía, la moción de censura en Pamplona, y un largo etcétera, son ejemplos bien elocuentes. Alguno de ellos acompañado de componentes abochornantes por esperpénticos. Todo al amparo de la polarización.
Pero la polarización no es un mal caído del cielo, sino una deliberada estrategia partidaria. El PP ostenta mayor antigüedad en esa estrategia polarizadora. Su actitud respecto a la política antiterrorista, cuando estuvo en la oposición, es un ejemplo muy elocuente. Lo penoso para nuestra democracia es que el PSOE se haya incorporado con entusiasmo a esa forma de hacer política. La polarización es una forma exitosa de movilizar emocionalmente electorados al precio de reducir la política exclusivamente a una mera estrategia de poder. Hacer de la necesidad (personal) de poder, pretendida virtud -la inquietante divisa del presidente del Gobierno- implica deslizarse hacia el abismo moral de aceptar que el fin justifica los medios. A partir de ahí todo está permitido.
Constituye una intolerable falsificación de la realidad reducir el pluralismo político de la sociedad española a dos bloques, monolíticos y sectarios, brutalmente enfrentados. En el eje izquierda-derecha existen una derecha y una izquierda democráticas, una extrema derecha populista y una extrema izquierda variopinta, las dos primeras (PP y PSOE) ampliamente mayoritarias. Al margen queda una pléyade de partidos nacionalistas, antes nacionalistas y hoy mayoritariamente secesionistas, cuya pretensión fundamental no es pilotar la nave del país por estribor o por babor, sino sencillamente desguazarla. Ante el bloque encabezado por el PP, quien hoy dirige el PSOE ha conformado otro antitético, y, como no salen las cuentas, ha decido ampliarlo incorporando a los secesionistas. La mezcla es una criatura políticamente informe y para intentar mejorar su aspecto le ha otorgado el calificativo de progresista. Un auténtico insulto a la inteligencia. Mensajes como el del ministro Puente afirmando que Bildu es un partido “democrático y progresista” o el de la concejala Curiel justificando el apoyo a la moción de censura en favor de Bildu por “principios éticos y democráticos” producen además profundo desasosiego.
La polarización es además ineficaz para solucionar los problemas de fondo del país. Algunas importantes políticas sociales, como las desarrolladas por el gobierno de coalición en la pasada legislatura, pueden llevarse a cabo desde una dialéctica de bloques, pero no aquellas de carácter estructural. Las reformas de la fiscalidad, de la educación y del sistema sanitario, patas fundamentales del estado de bienestar, sólo son posibles con el acuerdo entre PSOE y PP. Como la inaplazable reforma de la estructura territorial, que no puede seguir abordándose a base de retales disfuncionales con cada debate de investidura. La polarización imposibilita absolutamente estos imprescindibles acuerdos.
La polarización produce además graves efectos desestabilizadores. Supone una grave erosión del pacto constitucional. Y es enemiga declarada de la convivencia, pues puede acabar traduciendo la insufrible crispación entre los actores políticos en enfrentamiento ciudadano. Divide radicalmente a la sociedad en dos, con un sectarismo fanático y cainita de gran tradición hispana. Al frente: PSOE y PP. Bien metidos en el barro y con las estacas en alto. Como en su día nos pintó Goya. En un espectáculo deprimente que amenaza la convivencia ciudadana. Hay una secuencia: rencor, odio, lenguaje agresivo, violencia simbólica, violencia real. Antes fueron los intolerables episodios de rodear el Congreso y los escraches a políticos del PP por parte de Podemos; hoy, las no menos intolerables actuaciones fascistoides por parte de Vox, vandalizando sedes del PSOE, acosando a miembros del mismo o “colgando” muñecos del Presidente del Gobierno. Y sólo estamos en el inicio de la legislatura. Sería muy oportuno ir creando espacios en el seno de cada uno de los dos grandes partidos españoles para reconducir simétrica y simultáneamente esta perniciosa deriva polarizadora. Llevando al mundo de la política lo que es real en el seno de la sociedad.
Federico Tajadura Iso. Ex consejero socialista del Gobierno de Navarra