"Por la mañana, el hombre, digo la percha, ya no estaba en la habitación. Había desaparecido"

Publicado el 02/01/2024 a las 05:00
En la habitación donde busco una caja con regalos de Navidad he movido una percha. La desplacé para bucear en los cajones y se quedó en mitad del cuarto. Me pareció buena la nueva ubicación. Es un colgador de pie, con base cilíndrica en el suelo, metro ochenta de altura y media docena de brazos cortos que se extienden por sus puntos cardinales como las ramas de un árbol. De un árbol pelado, sin hojas, plantado en el centro de un parque. A la luz del día es una percha. Cuelgan chaquetas, varios bolsos, un abrigo y un sombrero comprado en Praga que la corona. Resulta un elemento práctico. Una percha sin lugar a dudas, pero cuando el sol se mete el colgador se diluye y se convierte en otra cosa. El domingo me levanté de noche y camino de la cocina al pasar por delante descubrí a un tipo con sombrero. Me sobresaltó el imprevisto. Menudo susto. Me faltó nada para increparlo y conjurar así el miedo porque no hay mejor manera de ahuyentar el temor que enfrentarse a él. Un segundo después reparé en la idiotez. Coño, pero si es el perchero, me dije, y me retiré tranquilo al dormitorio. A la noche siguiente la situación volvió a repetirse. Desperté de madrugada y topé de camino al baño con la mirada de una sombra erguida con los brazos abiertos en la penumbra. Diría que se movía y se acercaba a mí. Se me puso un nudo en el estómago. No grité de milagro. Iba a por agua pero cambié de idea y tomé un vaso de leche caliente y un paracetamol. Me dolía el cuerpo de miedo. Me costó recuperar el pulso normal. “Tengo que quitar de ahí el perchero”, me prometí cuando recuperé la paz arrebujado felizmente en la cama. Por la mañana, el hombre, digo la percha, ya no estaba en la habitación. Había desaparecido. No había abrigo, ni bolsos, ni sombrero…, nada. ¿Lo habrá quitado mi mujer? Sin respuesta inmediata (ella había salido) me quedé intranquilo. En ese momento era el hueco donde estuvo la percha el que resultaba perturbador. Antes me inquietaba su presencia, ahora su ausencia. No es manera de estrenar el nuevo año. A la hora de entregar este artículo sigo buscando una explicación.