"COP 28, España y nuestro parque nuclear"

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Juan CÓrdoba

Publicado el 31/12/2023 a las 05:00

Hace unas semanas que finalizó en Dubai el COP28, foro en el que, con la presencia de cerca de 200 países, se analiza la evolución del proceso de transición energética frente a los objetivos definidos, compatibles con un incremento de 1,5ºC en la temperatura media del planeta y se estudian las medidas para compensar las posibles desviaciones.

El resultado de este foro se resume en un documento en el que se compara la situación actual frente a los objetivos establecidos, el progreso en las medidas de atenuación y adaptación, así como el flujo de capital disponible frente al requerido para acometer las inversiones necesarias.

La valoración de la situación actual, aunque es bastante pesimista ya que, a pesar de haberse implementado una larga serie de medidas, las emisiones de CO2 alcanzaron un récord en 2022, la reducción esperada de las emisiones de CO2 en 2030 es de un 2% frente al 43% necesario y además el cambio climático se está acelerando, el año 2023 ha sido el más cálido desde que disponemos de registro, también presenta dos notas positivas.

Por un lado, todavía estamos a tiempo de reconducir la situación, aunque el margen se estrecha cada día y, por otro, la tecnología necesaria para la implementación de las medidas de corrección está disponible.

Para volver a la senda compatible con un aumento de 1.5ºC se plantean una serie de acciones que podemos agrupar en dos tipos:

Revisión de acciones consideradas en anteriores COP así: un aumento considerable en la potencia renovable instalada, una progresiva reducción en el empleo de combustibles fósiles promoviendo el uso de combustibles “bajos en carbono”, acelerando la transición hacia vehículos de bajas emisiones, eliminando subsidios a los combustibles fósiles, hoy en vigor, y una reducción drástica en las emisiones de metano.

Nuevas acciones: centradas en dos aspectos, la reducción de emisiones en sectores de difícil reducción hard to abate (industria pesada) y, aquí encontramos la mayor novedad, la aceleración de las tecnologías “baja emisión” que no “verdes” y entre ellas con mención especial a la energía nuclear.

Asumiendo que la magnitud del impacto climático dependerá fuertemente de las acciones que se implementen a lo largo de la presente década. 

Es en el plan de implementación de las nuevas medidas donde aparece la mayor dificultad, la capacidad de inversión para financiar todos los proyectos necesarios, especialmente en los países en vías de desarrollo que además son los más sensibles al disponer de peores sistemas de adaptación a los efectos del cambio climático.

La brecha inversora es del nivel de 5 trillones de dólares, lo que equivale a 3.500 veces el PIB de España, lo que nos puede dar una idea de la dificultad en habilitar estos recursos.

Ante este escenario incierto, parece claro que se debe contar con todas las opciones energéticas de bajas emisiones sin descartar ninguna de las disponibles hoy, aprovechando al máximo los activos disponibles para reducir el esfuerzo inversor.

Ya ha habido reacciones en el área renovable asumiendo el compromiso de triplicar la potencia instalada y, esto vuelve a ser la novedad, también en el área nuclear.

En primer lugar, la comunidad internacional la ha incluido como fuente “limpia” y en el mismo COP28 un grupo de 22 países, entre los que se encuentra Francia, USA y Suecia, han firmado el compromiso de triplicar la potencia nuclear instalada a nivel mundial hasta 2050. España una vez más se ha autoexcluido.

En este escenario pienso que es necesario analizar la posición adoptada por España.

España apoya la propuesta de incremento en renovables lo que, teniendo en cuenta la potencia instalada hoy y la situación de la red eléctrica, puede llevarnos a una sobresaturación en ciertos periodos del día lo que generará muchas ineficiencias tanto energéticas como financieras.

Por otro lado, nuestra administración sigue considerando la energía nuclear como un tabú y sigue empeñada en el plan de parada de nuestros siete reactores.

¿Tiene sentido este plan? Si miramos al resto del mundo vemos que España es el único país que disponiendo de grupos nucleares pretende pararlos en el medio plazo. Ante esta situación surge la pregunta, ¿el resto del mundo se equivoca o somos nosotros los que estamos errados?

En mi opinión, el desperdiciar unos activos que generan el 20% de la energía eléctrica en España de manera constante, segura, libre de CO2, y a un coste muy competitivo (las centrales ya están amortizadas), es una locura, más si cabe, asumiendo el objetivo del PNIEC en relación con los vehículos eléctricos que mayoritariamente se cargarán por la noche cuando no dispondremos de energía solar. Pienso que el empecinamiento en lo verde nos está alejando de las opciones limpias. Todavía estamos a tiempo de rectificar, pero como el caso de las emisiones globales el margen se estrecha cada día.

Juan Córdoba. Ingeniero Industrial y Director General de Isringhausen

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