El socialismo consuma su viraje histórico
Con la alcaldía de Bildu, el PSOE ha cruzado su última línea roja autoimpuesta en su acelerada normalización política de la izquierda abertzale y abre un futuro incierto que vislumbra polarización

Publicado el 28/12/2023 a las 20:00
Pamplona transita desde este jueves en un tiempo incierto. En realidad lo hace desde el 13 de diciembre, cuando el PSN confirmó lo que era un secreto a voces: que le tocaba pasar por caja ante Bildu y regalarle el principal ayuntamiento de la Comunidad foral. Una decisión larvada en Madrid en el que el apoyo abertzale a Pedro Sánchez en la Moncloa tenía la clara contrapartida de la alcaldía de Asiron. Y ya está. Primera deuda saldada. Sólo queda por ver si habrá más. El resto ha sido una carrera por construir el relato que sustente el viraje histórico de los socialistas navarros ante la izquierda abertzale. Y lo vivido ayer en torno a la primera moción de censura en la historia de Pamplona no hace sino constatar que, efectivamente, la sociedad navarra está ante un tiempo político intransitado. La entente Bildu, Geroa Bai y Contigo Zurekin, que ha volado para repartirse el poder municipal en cuanto Ferraz ha dado el plácet, no se cansa de calificarlo como un tiempo nuevo. En el PSN, por contra, Ramón Alzórriz corrió ayer a aseverar que la moción de censura “ya es pasado”. No es de extrañar que en el socialismo quieran pasar página cuanto antes, pues son ellos los que pueden dejarse más pelos en la gatera en su acuerdo con Bildu. Ese “matrimonio sonrojante” como lo calificó Cristina Ibarrola en su contundente discurso como alcaldesa saliente. Porque este Día de los Inocentes de 2023 pasará a la historia como aquel en el que Pedro Sánchez y María Chivite violentaron la última línea roja que ellos mismos se habían autoimpuesto y cruzaron la meta en su acelerada carrera de normalización de la izquierda abertzale. Este jueves quien puso la voz fue Marina Curiel, líder socialista en el consistorio tras la huida de Elma Saiz a Madrid, y no ahorró en calificativos contra la alcaldía de UPN, que calificó de “prepotente, unilateral y opaca”, y justificó su apoyo a Joseba Asiron por “principios éticos y democráticos”. No son palabras escogidas a la ligera, pues son precisamente con las que el constitucionalismo, PSOE incluido, afeaba al partido abertzale su rechazo a condenar la violencia de ETA hasta hace apenas días.
Bildu no ha cambiado. No se ha movido ni un ápice, y que ayer rechazase hablar en un pleno tan crucial no fue por mesura ni por concordia, como quisieron hacer ver después, si no por pura paciencia estratégica. Ahora no toca mostrar la patita independentista y para alcanzar sus objetivos esperarán el tiempo que crean necesario a que pase el ruido y el foco mediático nacional hoy fijado en Pamplona. La consignas coreadas en la plaza por sus simpatizantes fueron las de siempre, desde el 'UPN, kanpora' surgido desde el más puro rencor, hasta el 'jota ke irabazi arte' (luchar hasta la victoria), lema de oscuras reminiscencias en el pasado del entorno etarra. Y si bien es cierto que surtieron efecto los llamamientos a la responsabilidad para evitar enfrentamientos entre los congregados para festejar a Asiron y los que quisieron arropar a Ibarrola, también lo es que la polarización que promete el cambio de pareja tradicional del PSN amenaza con ir a más. Haría bien en recordar el socialismo navarro, ese que ayer fue aplaudido a su llegada y a su salida del consistorio, que ya tuvo que abandonar escoltado y entre insultos de esas mismas personas las últimas tomas de posesión en Pamplona, incluida la del pasado junio. Ahora ha decidido acabar el año brindando con Bildu en un lanzamiento de moneda al aire que puede no caerle de cara en un futuro cercano.