Dejar de luchar

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JESÚS HERNÁNDEZ ARISTU

Publicado el 28/12/2023 a las 05:00

A este paso creo que vamos a terminar aceptando aquel pensamiento marxista según el cual por la lucha de clases y toda clase de luchas llegaremos al paraíso, a la paz, al sosiego y al bienestar cuasi absoluto. Solo nos faltó hacer de Jesucristo un revolucionario cuasi marxista que trajo la revolución, con su guerra = lucha particular contra los fariseos, los escribas y los sacerdotes, los representantes más genuinos del poder de la época, junto a los conquistadores romanos que eran los que realmente mandaban. Y aquí estamos.

Quien quiera cambiar el rumbo del mundo, de los acontecimientos y fenómenos sociales en él tendrá que luchar: luchar por sus creencias, por su religión, por su patria, por su matria, por sus valores, su partido, por su iglesia, por su género, por la libertad, y si lo hace en consonancia con su grupo de referencia, el éxito está garantizado. Sí, el éxito está garantizado. Por eso “seguid luchando y mantened la lucha como principio vital y motor de la historia” y así alcanzaremos lo que ya tenemos: guerras intestinas, unas naciones contra otras, unas razas contra otras, unos colores políticos contra otros, unos colores de la piel contra otros…. unas creencias contra otras, unos pensamientos contra otros, unos intereses contra otros, unos valores contra otros.

En definitiva, unos humanos contra otros humanos. Porque la lucha lleva consigo un “contra”, siempre contra alguien o contra algo. Los ingredientes para mantener la lucha: creer tener razón, creerse mejor que los demás, considerar que los “otros” están equivocados o son malos, malvados, cercanos en su apariencia a animales, a los más feroces y agresivos (hienas, machos cabríos, víboras). Si todo eso lo aderezamos con un poquito o mucho odio, menosprecio, repulsa, según lo que esté en juego y con la esperanza de participar en el botín, entonces sí: nos podemos decir a nosotros mismos “ha merecido la pena”. ¿Sí? ¿Ha merecido la pena?

Cuenten ustedes los muertos, hombres y mujeres, niños, las violaciones, los desplazados y sin ir tan lejos piensen ustedes en el estrés, el insomnio, el cansancio, las hostilidades entre familiares, entre vecinos, colectivos comunidades… Uno de los pensadores que considero más genuino de nuestro tiempo Hartmut Rosa, a quien tuvimos ocasión de oír y conocer en Pamplona en octubre del año 2022, reflexionando sobre estos fenómenos globales, concluye en una de sus últimas publicaciones: “Yo creo que lo que hace falta es luchar”. ¡Vaya!, otra vez lo mismo: luchar. Apenas lo había pronunciado el sociólogo-filósofo se dio cuenta de su propio disparate y se corrigió a renglón seguido a sí mismo: “Tenemos que salir de esta actitud: ¿Qué hacemos ahora? Cuanto peor se pone la cosa, más fuerte se vuelve esta actitud de ataque. Tenemos que luchar, correr, hacer y actuar. Esto también me molesta un poco de mis colegas que vienen con sus luchas sociales. Creo que ese es el problema en este momento, no la solución”. “La lucha es el problema, no la solución”. Me lo repito como un eslogan a mí mismo, para no olvidarlo entre tanta apariencia de felicidad, de paz, entre tantas felicitaciones y cánticos de luz y de colores. Recordar que tal vez ha llegado el tiempo de parar, de reflexionar y de preguntarse por: ¿y yo dónde estoy?

Jesús Hernández Aristu es profesor jubilado de la UPNA y escritor

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