"Sr. Remírez, ¡No nos cuente milongas!"

thumb

José Ignacio Palacios

Publicado el 26/12/2023 a las 05:00

El socialista Javier Remírez invoca en estos momentos el Pacto por la Paz y la Tolerancia, firmado en el Palacio de Navarra el 7 de octubre de 1988, para justificar la moción de censura por la que ellos, los socialistas, van a entregar el Ayuntamiento de Pamplona a EH Bildu.

En nombre de mi partido, Alianza Popular, negocié ese Pacto y le tengo que recordar al Sr. Remírez que el motivo por el que se suscribió fue el atentado que ETA cometió en Estella el domingo 21 de agosto de 1988, en el que fueron asesinados dos guardias civiles. Este era el tercer atentado de ese fin de semana, aunque el primero con víctimas mortales, y supuso un punto de inflexión, un antes y un después, en el tratamiento que a las víctimas les iban a dar nuestras instituciones locales. Ese día, la alcaldesa Rosa López, ante la reacción del pueblo de Estella, decidió que la capilla ardiente se colocara en la Casa Consistorial, “puesto que es la casa de todos los ciudadanos”, como ella declaró, un hecho que no tenía precedentes. Además, la alcaldesa logró que, en un pleno extraordinario, todos los grupos municipales, salvo Herri Batasuna, condenaran el atentado, acordaran poner las banderas oficiales a media asta y se solidarizaran con la Guardia Civil y, días después, destituyó al concejal de HB de sus cargos municipales, una decisión que contó con el apoyo del resto de portavoces aunque, como ella me recordó en 2013: “Carlos Garaicoechea, presidente de EA, desautorizó a sus dos concejales en su apoyo a la destitución del batasuno”.

Y mientras Navarra estaba conmocionada, su presidente, y secretario general de los socialistas navarros, Gabriel Urralburu, permanecía en su mansión de Menorca sin suspender sus vacaciones estivales. Una semana más tarde fue cuando visitó Estella y allá, a la vista de la reacción del pueblo y de la repercusión nacional que ésta había tenido, pidió a los ciudadanos que insultaran por la calle a los miembros de Herri Batasuna. ¡Sí, que se les insultara!

Por eso, por la presión popular y por la actuación tan poco airosa de Urralburu, se firmó ese Pacto por la Paz y la Tolerancia y unos días más tarde, el 25 de octubre, en base a él, la Ejecutiva del PSN-PSOE decidió separar a los concejales de HB de los ayuntamientos de Cascante y Viana de los cargos que ocupaban en la Comisión de Gobierno y de la presidencia de las comisiones municipales porque, dijeron, no podían responsabilizarse a través de sus alcaldes de gobernar “en compañía de quienes no condenan explícitamente la violencia terrorista de ETA”.

En 2013, con motivo del 25 aniversario del atentado de Estella, y cuando ETA llevaba ya cuatro años sin matar, el que fuera secretario general del PSN-PSOE, Juan José Lizarbe, en estas páginas, escribió: “para mí los “buenos” fueron los guardias civiles asesinados en Estella en aquel agosto de 1988. Y los “malos”, los que acabaron con sus vidas”. Ahora, diez años después, los socialistas expulsan de las carreteras navarras a los “buenos” y pactan con los herederos de los “malos”.

Sr. Remírez, usted puede escribir que “la sociedad navarra es hoy muy diferente a la que existía en 1988”, y lo es, porque su casa familiar ya no es el objetivo de los violentos, como lo fue desde 1987 a 2019, un tiempo en el que sufrió innumerables atentados y le llevó a usted a declarar en 1997: “En mi barrio, mi casa es como el cuartel de la Guardia Civil, la Policía y la Delegación del Gobierno, todo va a ella”. Y usted puede decir que “la política es útil o no es”, pero la pregunta que muchos nos hacemos es: ¿Útil para qué? ¿Para defender unos principios y unos valores o para conseguir que Pedro Sánchez y María Chivite sean presidentes de España y de Navarra? Si es para esto último, ustedes se han convertido en maestros de la “utilidad” política. Pero, aunque escriba lo que escriba, usted bien sabe que en Pamplona los socialistas han cruzado una línea roja porque, sin que EH Bildu haya condenado atentados mortales, como el del concejal Tomás Caballero, o materiales, como los de su vivienda familiar, ustedes les van a entregar el Ayuntamiento de Pamplona. Todo lo demás, como eso de que la moción de censura va a servir para “poner en marcha un ayuntamiento paralizado por la incapacidad de su actual gobierno municipal para lograr acuerdos de ciudad” bien sabe que es una milonga que la alcaldesa Ibarrola, con hechos, ha demostrado que es falsa. ¡Qué pena que para permanecer en los sillones algunos tengan que hacer y escribir cosas como estas!

José Ignacio Palacios Zuasti. Exconsejero del Gobierno de Navarra

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora