"Javier y el toro"

Publicado el 08/11/2023 a las 05:00
Mi hijo Javier se ha hecho aficionado a los toros a los tres años y ve toros por todas partes. En la punta del tenedor ve la punta de un asta, los cuernos en una percha de su hermana, los ojos del toro en una piedra negra que encuentra en el parque. Cuernos de toro son los palillos de la tamborrada, los palillos de las banderillas de comer, las patas de una silla caída. Los edificios de ladrillos son todos plazas de toros. Cuando está solo, de pronto lo ves esconderse detrás de la puerta como si fuera un burladero y con los ojos muy abiertos mira por la tronera imaginaria un toro hecho de aire, un toro que es real en su cabeza. Dos son los pitones del toro, cuatro son las patas del toro, seis, los toros de la corrida en la plaza de los toros. La música se divide en la que es y la que no es de los toros, cada noche se duerme agarrado a un capotillo con ‘Agüero’ de fondo en bucle y así se echa a soñar con no sé qué faenas de niños toreros. El otro día, tocándose el pecho le dijo a su madre con media lengua: “Mamá, el corazón me suena como un pasodoble”. Cualquiera que lleve un sombrero o un palo en la mano se convierte automáticamente en picador y en amigo mío, pues Javier cree que yo soy amigo de los picadores, cosa que es cierta sobre todo cuando hacen bien la suerte. Mi hijo habla en imágenes como si tuviera escrita la crónica y le brillan los ojos como a Mariano cuando ha escrito el artículo del Diario un doce de julio. Es un niño metáfora: de pronto se puso a hacer pis en mitad del parque cuando mirándome y mirándose dijo: “Mira: un pipí como un arcoiris”. Sus recuerdos están hechos de toros rojos y negros, de banderillas, puntillazos y pases de pecho, su presente es el toro que le anda alrededor aunque los demás no lo vean y el futuro lo mide en los días que faltan para ir a la plaza de toros. No sé de dónde le habrá venido eso del toro. Las cosas de su madre.