"Así de pronto se hizo domingo sin ni Pepe Domingo, Castaño, quién va a ser, y a España se le puso el cuerpo raro"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 20/09/2023 a las 05:00

Así de pronto se hizo domingo sin ni Pepe Domingo, Castaño, quién va a ser, y a España se le puso el cuerpo raro, como si no se terminara la semana. De pronto, en la tienda, se habían terminado las metáforas sobre el silencio. Los locutores no se mueren, sencillamente un día se callan, y se acabó. Casi me he acostumbrado al tacto del micrófono cada noche que es un ejercicio de magia cotidiana y sencilla. En la columna, uno habla consigo mismo. La televisión en cambio es un salto al vacío del plató hacia el abismo negro de la cámara manejada por un tipo con cara de estar pensando si se ha dejado las lentejas al fuego. Pero la radio, no sé cómo ni porqué, consiste en que uno habla y sabe que al otro lado, esto es ahí mismo, hay otro y sabe si el otro no le entiende o acaso sí, y se pone triste cuando uno se entristece, se ríe como uno, se engalla, se cabrea, lo que sea. Ese otro quizás escucha en una cama solitaria o en la compañía del viejo e imperfecto matrimonio o en la Villavesa de Juanpe. Acaso cruce la ciudad entre el fulgor de farolas de soledades naranjas pensando en aquella novia, o ayune al filo de la noche del hospital que siempre se hace tan larga. Sería imposible adivinar en qué esperanzas o amarguras anda, pero tú le hablas y parece uno solo por mucho que esté hecho de cientos de miles. Yo que siempre fui daltónico para el fútbol, recuerdo a Pepe Domingo Castaño en aquellos domingos de tortilla francesa de última cena, resacón, cansancio, desesperación de atasco de vuelta a casa, esas tardes que siempre eran la misma con el cañón de la rutina del lunes apoyado en la sien del fin de semana. Ahí se aparecía el locutor con un fenomenal impulso y, hasta yo, que no distingo ni mis colores, me alborotaba con un saque de esquina, un penalti, un purito, lo que fuera. Vivía con verdadera pasión jugadas maestras de delanteros de equipos que no sabía ni que existían, ni me importaba. Gloria a Pepe Domingo Castaño que a algunos nos hizo vivir el fútbol sin saber ni quién jugaba.

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