Carta de los lectores

El tío de la Presidenta

María Chivite y Óscar Chivite, durante la toma de posesión de los nuevos consejeros del Gobierno de Navarra el pasado 18 de agosto
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María Chivite y Óscar Chivite, durante la toma de posesión de los nuevos consejeros del Gobierno de Navarra el pasado 18 de agosto
María Chivite y Óscar Chivite, durante la toma de posesión de los nuevos consejeros del Gobierno de Navarra el pasado 18 de agosto

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Luis Landa

Publicado el 17/09/2023 a las 05:00

Estos meses pasados, Navarra ha participado en las elecciones autonómicas y generales. Fruto de las elecciones forales, la señora Chivite ha conseguido ser investida como presidenta del Ejecutivo foral. Todos nos preguntábamos, ¿será capaz de pactar con el partido de Otegi y Adolfo Araiz para que se abstenga y así poder conseguir el ansiado sillón? Durante semanas hemos asistido a una pura comedia deshojando no solo una margarita (me quiere, no me quiere) sino que ha necesitado todos las flores de los jardines pamploneses. El Gobierno navarro socialista ha comenzado su nuevo curso político con muchas críticas, porque ha normalizado la relación con Bildu y ha nombrado 13 consejerías, aumentando los altos cargos y su dispendio económico. No contento con este derroche, María Chivite, de Cintruénigo, nombra a su tío segundo, Óscar Chivite Cornago, de su mismo pueblo, como consejero del Departamento de Cohesión Territorial. Sin olvidar que es administrador único de la empresa Lauburu S.L., relacionado con Canal de Navarra, sabiendo su incompatibilidad. Y se queda tan pancha. Se asemeja a aquel alcalde de Andalucía que nombró a su hermano jefe de gabinete, a pesar de las críticas del pueblo, diciendo: “Necesito a una persona de total confianza a mi lado y, ¿qué mejor que un familiar mío?”. María Chivite no ha querido recordar la Historia de Roma, porque ya son famosas las palabras del pretor y dictador romano Julio César: “La mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo”. Le refrescamos a la Presidenta el origen. En diciembre del año 62 a.C. se celebraba en la mansión de César el misterioso rito de la fertilidad de la Buena Diosa (Bona Dea), en la que solo asistían vírgenes vestales y las mujeres de los políticos más influyentes, entre ellas su mujer Pompeya. Incluso se tapaban las estatuas de varones con un velo.

El incienso y la música embriagaban la sala repleta de mujeres. La contratada flautista resulta que era un hombre disfrazado con vestimentas femeninas. Pronto se descubrió que se trataba del patricio Publio Clodio, que no violó a Pompeya, pero transgredió un rito religioso a una diosa. La fiesta fue clausurada y Julio César, al enterarse de lo acontecido, pronunció la famosa frase y se divorció de Pompeya, a pesar de su inocencia.

En el caso de Navarra, Óscar puede ser el mejor y más preparado consejero foral, pero Chivite debe guardar las formas y dar ejemplo a todos los ciudadanos. Por tanto, que no se extrañe si le imitan alcaldes y otros cargos políticos con hermanos, tíos, sobrinos o esposos. Ha vulnerado la norma ética que, según el filósofo griego Plutarco, “la mujer de César debe estar por encima de toda sospecha”. Este ejemplo nunca podrá permitirse con las empresas privadas, que miran con lupa su imagen corporativa, su identidad, sus símbolos y sus productos para no violar los principios éticos, que exige la sociedad. ¿Qué imagen de transparencia puede dar el Gobierno con este ejemplo? Como diría el escritor John Maxwell “Hay hechos que las leyes no prohíben, pero los censura la transparencia, ya que esta genera confianza, seguridad, credibilidad y, sobre todo, legitimidad”.

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