Cartas de los lectores
La vida en sus manos


Publicado el 08/09/2023 a las 07:35
El pasado viernes, me disponía a entrar a una cafetería cuando de pronto un chico joven se cayó a plomo hacia atrás contra la acera. Ante lo extraño y preocupante de la situación, debería de añadir el sonido de su cabeza chocando violentamente contra el suelo. Inmediatamente reaccione poniéndome de rodillas ante él para ver cómo estaba y controlar la percepción de su estado general. Me di cuenta que llevaba un casco fino que le cubría la cabeza y enseguida vinieron dos mujeres jóvenes que eran sus cuidadoras del centro asistencial la Atalaya. Esta persona tiene una enfermedad que le provoca reaccionar con estas acciones habitualmente. Las cuidadoras enseguida se hicieron cargo de él, me tranquilizaron y se lo llevaron para su revisión. Estuve, y aún estoy, dándole vueltas a muchas cosas, y desde luego mi percepción y sentimiento acerca del mundo asistencial ha cambiado por completo. Por la mañana, como no se me iba de la cabeza, llamé al centro para interesarme por él y ofrecer mi ayuda para lo que necesitara. ¿Cuánta humanidad, sacrificio, paciencia, hace falta para afrontar una profesión así? ¿Qué capacidad físico emocional hay que tener para no derrumbarse en el día a día? Para mí estas personas, los cuidadores, son ángeles custodios de estos chicos con enfermedad y graves problemas que gracias a sus dones y capacidades pueden hacer la vida más llevadera a estos jóvenes. Solo desear que lo mismo que entregan, algún día reciban. Solo eso, gracias.