"Llega una edad en la que uno ya solo pega respingos con la alarma de la Dana en el teléfono, estridente y nuclear, casi como sonará el putinazo"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 10/09/2023 a las 20:40

Llega una edad en la que uno ya solo pega respingos con la alarma de la Dana en el teléfono, estridente y nuclear, casi como sonará el putinazo. El fin del verano siempre se parece al fin del mundo y brilla con dulce melancolía porque le hemos cogido el tranquillo al apocalipsis. Te dicen las autoridades que no puedes salir de casa porque te va a llevar el agua y tú pensando que es el momento de ir al Ikea y de ponerse a limpiar la zaborra del canalón, que dirán que es algo propio de un perfecto fascista. La alerta conserva ese toque de inocencia y de juego infantil que resulta encantador, un poco como cuando se va la luz y las niñas gritan “¡Uh-uh!”, y se ríen. Después en Madrid no llovió tanto y allí nos quedamos con el arca de Noé y la decepción de alguno por no haber vivido una catástrofe natural en una ciudad de siete millones de habitantes. Porque vivimos transitando una nostalgia de canoa por la Castellana, trineo de huskys en Chueca y llegada de un excepcional sobresalto que nos vengue de la puñetera rutina. Una nevada, una riada, Sánchez, lo que sea. En Madrid caen cuatro gotas y es noticia. En otros sitios, o alcanzan los siete grados en la escala Richter, o no les dan ni un breve. Llueve en Madrid, hace sol en Madrid, en Madrid esto y lo otro, como si al de Zubiri le importara algo. O al de Waterloo. Así como si hiciera bueno, va por Bruselas Yolanda Díaz con Puigdemont en un paseo romántico como por el Sacromonte de los pueblos elegidos. Sobre la melancolía crepuscular del procesismo varado en tierra, Yolanda se aparece en una frescura como de Julia la pintora de Verano Azul y él parece más mayor, como un Chanquete unilateral. Si le tomas las medidas a la historia, resulta que la vicepresidencia de un país viaja al extranjero para negociar el Gobierno con un prófugo de la justicia de ese país. Todos quieren algo: ella quiere gobernar y él, librarse del talego en el que ya solo entran los ladrones de motos y los de los piropos.

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