"Sociedad narcisista"

Publicado el 28/08/2023 a las 06:00
Nuestra sociedad está centrada en la autoestima, el autoconcepto, siendo que los individuos se incapacitan para argumentar su desacuerdo, ciñéndose a sentirse y proclamarse ofendidos.
Una sociedad narcisista, de la autoreferencia, en la que muchos ciudadanos se sienten encantados consigo mismos, niegan tener deberes hacia los demás, miman su autoestima y nada agradecen. Nos venden en la publicidad “¡porque tú lo vales!”, y lo compramos, así al por mayor, no vayamos a profundizar, a discriminar.
Una sociedad del estrés, del cansancio, que se confunde con una irrenunciable autorrealización, que impregna los medios digitales de narcisismo. Inestable, en constante cambio, que fomenta el individualismo, aplaude la dedicación desmesurada a la imagen, sociedad de consumismo, en la que se quiere de todo y ya, en la que la impaciencia acompaña a la frustración por cualquier cosa, y no disfrutamos con lo que somos, (bueno, la verdad, algunos, entre los que me incluyo, sí).
Transmite percepción de insignificancia, sentimientos de impotencia, pérdida de una respuesta a la pregunta sobre el significado de la existencia. Una sociedad infantilizada, donde se acumulan en estos tiempos melodramáticos, los indignados, incapaces de dar una respuesta a las vicisitudes existenciales.
No son pocos los designados como líderes, por su potestas, que no auctoritas de un narcisismo insultante. A la par de un consumo de telerrealidad, donde no existe atisbo de análisis reflexivo, y se da cabida a quien adopta el rol de víctima, desdibujando las graves y verdaderas injusticias. La ley del mínimo esfuerzo se está convirtiendo en una máxima. Junto a ello, el mundo pantalla ha deslocalizado y desregulado el espacio-tiempo de la cultura. El mérito debiera ser reconocido, esta es una máxima, una regla innegociable, pero es manifiesto que la excelencia ofende a los mediocres, que ansían disfrutar de un buen estatus, pero eso sí, sin gran esfuerzo.
Estamos rodeados de analfabetos políglotas, siendo que precisamos del pensamiento, de la reflexión, también para prevenir la manipulación, que es un riesgo aumentado con al acceso a las nuevas tecnologías.
Por lo tanto, debiera premiarse el mérito derrotando así el narcisismo y la petulancia. De poco sirve decirnos que lo hacemos lo mejor posible. Hay que hacer lo que nos dé el éxito, no palabras de autoaliento, sabiendo que nos fortalecemos contra corriente, valoremos los resultados.
Debiéramos transmitir que no es la autoestima la que produce el éxito, es el éxito el que provoca la autoestima. Es más, la autoestima que surge de la nada, sin trabajo ni sudor, lleva al narcisismo. Revertir el tsunami narcisista exige recuperar la responsabilidad individual, la cultura del esfuerzo, la asunción de los ciudadanos de la toma de decisiones desde su irrenunciable autonomía.
Precisamos recuperar el esfuerzo, la disciplina, la autoridad, y desde luego reflexión y comprensión para saber de dónde venimos, y cómo hemos llegado, y es que vivimos en sociedad.
El miedo es innato, pero podemos y debemos mostrar coraje y hacer lo que se debe, sin desfallecer, desde la ética, sin aceptar presiones ni chantajes. Es desde ahí que se puede ser gran y buena persona a la vez. Somos también una especie que gusta de superar y superarse. Venimos de una genética que no marca criterios éticos ni morales. Pero sabemos que el reto es Ser, ser nosotros mismos, alcanzar a ser lo que podemos ser. Contamos con la necesaria y paradójica esperanza, y con la naturaleza para mantener el equilibrio y la armonía, pues los humanos somos conscientes de nuestra existencia, lo que resulta ser un lujo y un problema. Revertir el tsunami narcisista exige recuperar la responsabilidad individual, la cultura del esfuerzo, la asunción de los ciudadanos de la toma de decisiones desde su irrenunciable autonomía.