"Los meteorólogos le ponen al calor más nombres que los toreros al miedo"

thumb

Chapu Apaolaza

Publicado el 01/08/2023 a las 06:00

Ha toreado Diego Urdiales en Azpeitia y andamos los dieguistas con los pelos como la pancarta de La Jarana. En Madrid aprieta un calor desesperante, un calor seco de chicharras y sonido de ventiladores que hace de Guipúzcoa algo inconcebible. Dicen que estamos en la canícula, pero uno ya no sabe, pues los meteorólogos le ponen al calor más nombres que los toreros al miedo. Así que andaba en este calor de Madrid imaginando a Urdiales torear en Azpeitia bajo las laderas del monte con las chimeneas al fondo y el albero húmedo en el que a mí me salieron los dientes de lo de los toros y del miedo la primera vez que, de la mano de mi padre, me echó mano una vaca. En esas fronteras estaba toreando Diego como sobre el anillo de algún planeta aún no concebido, como un descubridor de uno mismo. Lo veo en una foto toreando con la izquierda en esa naturalidad tan poco común, estirando el brazo lo que da, resolviendo con la muñeca el final del muletazo sin forzarlo, casi dejándolo morir en las profundidades de detrás de la cadera. Torear es dejar las cosas irse, soltar la mano de otro, abandonar y abandonarse cuando todo parece perdido. Torear es olvidar y desaparecer, y dar vueltas alrededor del pozo negro de la muerte, que naturalmente es el toro. Entonces, cuando uno no espera nada de nada ni de nadie, se aparece la verdad del toreo, que es la verdad de la vida. Uno entonces la discierne perfectamente clara, revelada de entre unas sombras que duraban un tiempo y que ahora de pronto se iluminan. Eso es el toreo: un rapto de uno mismo, no de las musas, que vienen de fuera, no. El toreo es una forma de vida intransitiva que viene a duras penas de dentro, de alguna parte cercana a la de la memoria del amor y que conecta con las otras veces que sucedió. Por eso se presenta como una noción, una conciencia y una comprensión de algo que se aparece entre la niebla de las cosas desaparecidas, confundidas, olvidadas, algo que después desaparece, pero que ahora parece tan claro que hace que uno se vea señalándolo con el dedo mientras balbucea: “Eso… Eso es torear”.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora