"Es un flan de caramelo en el que hay un hacha dentro"

Publicado el 19/06/2023 a las 06:00
Se ha hablado mucho de la crueldad, envuelta en papel de seda, de Yolanda Díaz, jefa de Sumar, del escándalo de estas últimas semanas en que algunas se han devorado en directo, del hecho, desde luego definitorio, de que en toda esta pelea entre Podemos y Sumar, y si sumar a podemos, no haya habido una palabra sobre ideas, no esté en cuestión ningún programa o proyecto, y el único debate sea el puesto en las listas y si debe estar este o aquel. Es como el revés de la trama, la realidad que se oculta, y que ilustra muy bien hasta qué punto el engaño, y sobre todo el autoengaño, reina en quienes vienen a arreglarlo todo y salvarnos aunque no hayamos pedido ayuda. No, lo peor, a estas alturas no es el crudo espectáculo de la política como un sálvese el que pueda, sino la impagable cursilería que lo acompaña y hace que pasemos vergüenza ajena. “España nos está esperando y quiere que hablemos de sus problemas” ha dicho la jefa de Sumar muy solemne, cuando se le preguntó por el veto a Irene, y nos tiene a todos en vilo. En todos los partidos se da la lucha por el poder, los intereses, las zancadillas, las poses, pero esta izquierda a la izquierda añade una saña muy especial, una tendencia al melodrama, a lo empalagoso, una deriva hacia lo cursi, palabra que todo el mundo comprende pero difícil de definir. El gran Gomez de la Serna escribió que lo cursi es abundar en lo que sin abundancia está bien, hacer que nos avergüence lo que no debería hacerlo, convertir en zalamería lo que sería encantador. Lo cursi, dice certero, esteriliza la vida y evita la comprensión. Es una forma de hacer trampa con nuestros sentimientos para colarnos algo. Es un flan de caramelo en el que hay un hacha dentro. Pablo Iglesias ha echado pestes de Yolanda, y ha dicho que está al servicio de los poderes mediáticos y que hace juego a las mafias. Pero si a última hora rescata a Irene y cambia las listas, será la gran esperanza para alcanzar nuestros sueños, y llevarnos a tocar el cielo con los dedos.