"Había que ponerle un nombre a la moto nueva y se va a llamar Princesa Ana"

Publicado el 13/06/2023 a las 06:00
Había que ponerle un nombre a la moto nueva y se va a llamar Princesa Ana. Porque Ana del Reino Unido puede participar en la caza del zorro a caballo, amorrarse a una botella de whisky en un pub, apostar en las carreras, acudir a la coronación de su hermano o mandar formar un regimiento de los Royal Marines. Mi moto, homónima, es una Triumph verde más inglesa que Nelson y lo mismo sirve para llegar a la ópera que para subir a la palomera con la repetidora a la espalda, la bota de vino de Las tres ZZZ y un trozo de queso en el morral. Una moto significa la vida en potencia. Es un arma cargada de futuro como la poesía de Gabriel. Ya me veo subido en Princesa Ana por la ruta de la Seda y las afueras de Dakar si tuviera tiempo y dinero, claro, pues en la vida, cuando tienes tiempo no tienes dinero y viceversa. Con dinero no se compra la felicidad, pero te puedes comprar una moto y concebir la dicha: subir a aquel raso, acelerar en una recta, lo que sea. Todo pasa a ser posible. No es la subida a la Table Mountain de Ciudad del Cabo, pero Princesa Ana recorre el Valle del Alberche en un rugido ‘polite’ y salvaje al mismo tiempo, un sonido que viene de muy abajo, de muy dentro, de hace mucho tiempo, y que le da sentido a su reino, que es de retamas en flor descaradamente amarillas, de espigas quebradizas y de pajarillos que se elevan de las cunetas y nos siguen unos metros antes de quebrar el vuelo y perderse en el aire caliente de la tarde. Tarde te conocí, Princesa Ana, pero hay cosas que hay que sentir tarde, como este impulso como de abrir botellas de champaña, rodar debajo del aguacero y cantar jotas dentro del casco, este amor del que los dos sabemos que no es para siempre. Cuando pasamos ante las terrazas, se vuelven para mirarla y piensan: “Ahí va un tipo con la crisis de los 45”. Y lo celebro, porque lo primero que hay que hacer con las crisis de la edad es asumirlas. El muerto de verdad es el que se cree eterno; ese sale palmado de casa. Claro que te puedes matar en una moto, pero te puedes morir de otras muchas cosas: de asco o de aburrimiento, principalmente.