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Paranoias electorales

Hay cosas de las que hablamos mucho pero no significan nada. Esto de la campaña tiene algo de eso. Ellos, los políticos, repiten mensajes y nosotros hacemos como que los creemos

De izquierda a derecha: Javier Esparza (UPN), Laura Aznal (EH Bildu), María Chivite (PSN) y Begoña Alfaro (Contigo Navarra) conversan durante el reportaje fotográfico de Diario de Navarra
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De izquierda a derecha: Javier Esparza (UPN), Laura Aznal (EH Bildu), María Chivite (PSN) y Begoña Alfaro (Contigo Navarra) conversan durante el reportaje fotográfico de Diario de Navarra
De izquierda a derecha: Javier Esparza (UPN), Laura Aznal (EH Bildu), María Chivite (PSN) y Begoña Alfaro (Contigo Navarra) conversan durante el reportaje fotográfico de Diario de Navarra

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Jose Murugarren

Publicado el 14/05/2023 a las 06:00

Hasta ayer creía que un vecino me miraba mal. Cada vez que yo entraba a por el pan y topaba con su mirada él me dedicaba una caída de ojos. El tipo reparaba en mí un momento, fijamente, y apartaba la vista. Empecé a darle vueltas al asunto. ¿Qué quería decir? ¿Qué le he hecho yo a este hombre? Se lo conté a mis amigos y hablamos mucho de ello. Se me puso la cabeza como un bombo. Y también al médico y él me dijo que cuidado, que esas interpretaciones podían ser paranoicas. Es curioso que hay cosas que te parecen importantes, a las que das vueltas y no significan nada. Una persona me contó en una ocasión que la perseguían. En cuanto salía a la calle, allí estaba un tipo que iba detrás. Llegó a ponerse en contacto con el Defensor del Pueblo para que vigilara sus movimientos. Aseguraba que no le dejaban en paz hasta que cruzaba la puerta de casa y que querían acabar con él. Me dijeron algún tiempo después que estaba en tratamiento, que sufría manía persecutoria, que el psiquiatra consideraba que era víctima de una idea obsesiva y absurda. Una paranoia.

Hay cosas que nos ocupan la cabeza y que no quieren decir nada pero siguen ahí sencillamente porque nosotros mismos nos las hemos metido o porque por alguna razón hemos dejado que se cuelen. Pasa también con el debate político. Ahí está Pedro Sánchez empeñado en ofrecer viviendas como si cada ciudadano necesitáramos tres por persona. Prometen pisos, servicios para los mayores, un edificio para la gastronomía en el viejo Autobuses, miles de pisos en Echavacoiz o Donapea, circuitos de microbuses eléctricos por Pamplona... Ellos hablan. Los medios publican, los tuiteros tuitean y muchos, yo entre ellos, abrimos ingenuamente la puerta del cerebro y dejamos que entren con ideas de promesas ficticias.

Ayer me topé con el vecino que me mira mal. Le sonreí por primera vez y le dije: “Buenos días”. Y de repente, me devolvió el saludo. Se rompió la paranoia. Hay cosas de las que hablamos mucho pero no significan nada. Esto de la campaña tiene algo de eso. Ellos, los políticos, repiten mensajes y nosotros hacemos como que los creemos. Para no volvernos locos. O paranoicos. 

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