El rincón
Osasuna como terapia colectiva
La movilización popular revela que Osasuna genera identidad compartida y que nuestra sociedad tiene muchas ganas de disfrutar el presente


Publicado el 07/05/2023 a las 06:00
EL seísmo rojillo tenía este sábado un solo epicentro. Sevilla. Y treinta réplicas. Las de las otras tantas localidades navarras que retransmitían la final de la Copa desde la plaza, el frontón o el campo de fútbol. Una movilización popular que refleja el arraigo de un Osasuna que une, que genera identidad compartida y orgullo por haber llegado tan lejos desde tan abajo a puro de esfuerzo y trabajo. Y una explosión lúdica que también habla de las ganas de disfrutar de una sociedad que coge al vuelo las oportunidades y tras unos años convulsos apuesta por vivir el puro presente. Carpe diem.
Cuatro de cada cien navarros. Sevilla vivía este sábado en sus arterías más céntricas el ambiente anticipado de los Sanfermines a través de esos más de 24.000 aficionados rojillos que han viajado a la capital andaluza para la final de Copa. La imagen de las calles alfombradas del rojo de las camisetas navarras e inundadas de música festiva es de las que conmueve.
Y el centro de Pamplona también lucía este sábado una indisimulada alegría. La plaza consistorial era por la mañana una fiesta entreverada de turistas, peregrinos y orgullo osasunista en los balcones, en las camisetas y en las conversaciones. Un puro prólogo de lo que iba a ser la tarde-noche. De hecho, no se notaba en absoluto el hueco causado por el inmenso éxodo navarro a Sevilla. Ese que ha concentrado junto al Guadalquivir a cuatro de cada cien navarros mayores de 14 años. Qué se dice pronto. De cuadrillas a familias enteras.
Sentimiento compartido. La primera conclusión es evidente. Navarra se identifica con Osasuna. No sólo Pamplona, como se suele decir a veces. Para ejemplificarlo, las 30 localidades que instalaban pantallas gigantes para ver la final. De Villava a Cortes y de Viana a Lumbier. Osasuna es hoy uno de esos símbolos colectivos que están por encima de siglas políticas. Y son muy pocos. Así que toca cuidarlo.
Por supuesto que es un sentimiento que se potencia cuando las cosas van bien, cuando lo que se celebra son momentos de gloria como el llegar a una final. Pero es cierto que el “núcleo duro” de la afición rojilla, aunque más reducido en número, sigue ahí en los peores instantes, con independencia de los resultados. Lo demuestran en las muchas travesías del desierto que ha pasado un equipo “con alma” al que le suele tocar más sufrir que disfrutar.
Identidades que suman. Ese sentimiento común, compartido, tiene un valor extra en una tierra como Navarra, tan diversa en la geografía y plural en la política. El sentirse navarros, es otra de las cosas que nos unen a los habitantes de esta tierra.
La gran mayoría suman identidades, que no se conciben además como excluyentes. Navarro y español es la mayoritaria. Otra parcela suman ser navarros y vascos. Y otra también español, navarro y vasco. Así queda reflejado en las encuestas.
En los debates realizados esta semana por Diario de Navarra alrededor de la identidad, de cara a los próximos comicios, los expertos insisten en trabajar desde el mundo educativo la necesidad de la integración. Y es que la identidad común, la que no divide sino que suma, es un buen pegamento. Osasuna es un ejemplo.
Instalados en el presente. Hay una segunda conclusión en este fin de semana rojillo y siempre en las horas previas a jugarse el partido. Tenemos sed de buenas noticias y de disfrutarlas. Nuestra sociedad vive instalada en el presente porque convive con la incertidumbre más absoluta sobre el mañana.
Hemos pasado una traumática pandemia que incluso nos encerró literalmente en casa. Sin solución de continuidad, ha llegado la guerra en Europa (tras la invasión rusa de ucrania) y con ella la tragedia humanitaria y la económica con precios de la compra disparados que revientan el mes a miles de familias, hipotecas que escalan las paredes y energía que casi hay que racionar.
Así que la inesperada final rojilla de esta primavera ha sido la excusa perfecta para saciar las ganas de sentirse parte de una gran afición, de estrechar lazos, de gozar juntos en cuadrilla o en familia y de generar recuerdos para la historia.
Vaya, algo así como una gran sesión de terapia colectiva de las que disipan nubarrones y ayudan a seguir adelante. Osasuna ha sido el psicólogo comunitario que nos ha sacado del diván, aunque sólo sea por unas pocas horas. Bienvenido sea.