"El tren que no llega"
"No hay plazos finales para el TAV del siglo XXI y envejece el ferrocarril que viene del XIX"

Publicado el 20/04/2023 a las 06:00
Será por la primavera, tan llamativa, o acaso por las elecciones, que tiran como un imán, la cuestión es que el tren de la alta velocidad se ha plantado nuevamente en el andén de la actualidad. Lo hemos visto venir este mes por las páginas de nuestro diario, con el despliegue que merece la magnitud del proyecto: raíles, viaductos, estaciones, inteligencia artificial y artificios inteligentes del siglo XXI para superar la realidad ferroviaria del siglo XX, que se remonta al XIX. Venir, lo que se dice venir, viene. Ahí están las obras en unos tramos y los dibujos en otros. De que efectivamente viene dan fe también los pronunciamientos en contra -de Bildu, desde luego, pero no solo de Bildu- que recuerdan las protestas levantadas en el siglo XIX cuando se anunció el primer camino de hierro. Si quieres un gran proyecto, aguanta la correspondiente coordinadora del “no”. Es la señal. Por supuesto que viene el tren. Lo que pasa es que no llega. Uno espera sentado en la estación de Tudela, o en las de Tafalla y Pamplona, a ver si Adif canta de una vez que el TAV procedente del otro siglo efectuará su entrada por la vía 1 o la 2, da igual, y que tomará la salida en 10 minutos. ¿Próxima estación? Ay amigo. Esa es otra. Todavía no sabemos dónde estará ni en qué muga cantará el maquinista “adiós con el corazón” al salir de Navarra. Y como no se sabe la ruta, tampoco pueden comenzar, no ya los trabajos, ni siquiera los estudios. A Faulkner le apuntan aquello de que el pasado no pasa nunca, que ni siquiera es pasado. Del futuro sabemos que llega. No falla. Ahí está el Ángel de Aralar, año tras año, puntual a su cita para cultivar en unos la fe y la memoria colectiva en todos. Llegará el AVE. O lo que sea de él cuando llegue, que a lo mejor ya no será lo mismo. ¿Diez años? ¿Treinta? ¿Cuántos años? Todos los cálculos se quedarán cortos si el proyecto mantiene la actual velocidad de crucero. (Y otra vez recordamos aquí con admiración y envidia la alta velocidad de las obras del Plazaola, realizadas a pico y pala allá por la prehistoria ferroviaria de 1910).
Las prisas por el TAV responden, además, a otros intereses paralelos a las comunicaciones. De la caja de la vía están pendientes varias proyecciones urbanísticas, mayormente en Tudela y Pamplona. Los mapas de las dos ciudades se encuentran abiertos en canal por las viejas vías del siglo XX, es decir, del XIX. Y siempre la eterna canción de espera por el trazado, por el andén, por los estudios, por los presupuestos, mientras barrios enteros se miran hoy a través de barreras de hierro. En el futuro mejor, tantas veces prometido, se estanca el peor de los presentes. Miren el Echavacoiz virtual, tan bonito, de las miles de viviendas a las puertas del TAV y recorran el barrio actual, desvertebrado entre las casas de Urdánoz y la carretera general.
En el encuentro de ingenieros del martes, Álvaro Miranda, exconsejero del Gobierno de Navarra, advirtió de que al ritmo actual, es decir, a 70 millones de inversión al año, el TAV tardará 60 años más. En el Senado, el parlamentario Catalán pidió plazos y la ministra del ramo respondió que en un lugar de La Mancha del que tampoco ella quería acordarse, etcétera. No exactamente así, pero parecido. Con este panorama, será mejor que empiecen a reparar los deterioros decimonónicos acumulados en las estaciones y en el entorno urbano de las vías. Hay para rato.