A mi manera
¿Son las albóndigas veganas la clave de la longevidad?
Hay gente que relaciona una vida larga con la costumbre de alimentarse raro: comer berros cocidos, ajos crudos o mucho melón: ¿Bobadas?


Publicado el 20/03/2023 a las 06:00
Necesito un hábito peculiar que me ayude en el camino a la longevidad y lo he encontrado. He probado las albóndigas veganas y voy a incorporarlas a mi dieta. Cierto que no están como esas de lomo bajo de ternera que hacía mi madre pero mi objetivo es vivir cien años y urge sumar a las mías una costumbre rara que parezca saludable. Habrá leído usted que para ser de vida larga es imprescindible hacer ejercicio, dormir suficiente, ser positivo, compartir ratos con amigos y familiares y mantener activa la mente. Por ese camino yo ya venía circulando. Tengo el objetivo claro. Pero me faltaba añadir al decálogo de condiciones un ingrediente extravagante. Fíjese que cuando interrogan a un centenario por la clave de su dilatada existencia hay respuestas que a uno le dejan atónito.
-¿Cuál es el secreto para estar tan bien a su edad?, preguntó a una mujer un periodista.
-Ceno todos los días berros hervidos, respondió.
Y se quedó tan ancha. Esa era su pócima mágica. Y no era la única persona que respondía así. Otra centenaria reveló en otra entrevista que al agua de la verdura hervida añadía media cebolla, la metía en el pasapurés y cada noche la bebía con la devoción de quien ingiere un néctar reconstituyente. Había más. Una nonagenaria atribuía su longevidad a la ingesta diaria de dos ajos crudos. A esta la escuché en la radio. Y otra coetánea suya enfatizaba sin remilgos que el único misterio para alcanzar los cien años era la ingesta de melón. Mucho melón durante todo el año. De qué sirve el ejercicio y la vida social si no somos capaces de convertir en elixir prodigioso un alimento que parezca una ocurrencia. Me lo preguntaba mientras leía la fórmula secreta de Casiano, un octogenario a punto de alcanzar los 90. El afirmaba que leía con interés y comprensión los textos del periódico a diario y atribuía su buen tono físico y su retención intelectual a un hecho: comía muy poco. Esa confesión me preocupó.Ni siquiera hablaba de moderar la dieta. Lo decía en dos palabras. Comer poco. Este señor se jactaba de ingerir menos alimentos que un tarín. Apenas una taza de leche en el desayuno, un escueto trocito de pescado al vapor a mediodía y una pieza de fruta o un yogur por la noche.
¿Es vivir bien echar tanto ayuno a los años? A punto estuve de enviar una carta al periódico para preguntar de dónde habían sacado a este tipo y con qué argumento científico se validaba esta apología de la nutrición escuálida. Pero me frené. Retuve el impulso al leer los argumentos del arquitecto brasileño Óscar Niemeyer. Él aseguraba que las mujeres vivían más por una especie de superioridad biológica. Y también porque son más implicadas, leen más, disfrutan de mayor socialización y tienen una capacidad superior para comprometerse con las personas y el entorno.Eso decía de las mujeres. ¿Y de los hombres? Para Niemeyer el truco con el que los varones podemos estirar la vida muchísimo es uno: no discutir.
“Lo tengo científicamente comprobado”, decía ufano en una entrevista mientras sumaba años a una vida que sólo se apagó al llegar a la edad de 105. “Háganme caso”, remarcaba. A él le sirvió. Sumaré las albóndigas veganas a su recomendación de no discutir. Dos ingredientes muy a tener en cuenta. Dos trucos estupendos.
Se lo digo a un amigo y me replica que lo de las albóndigas veganas es una gilipollez. Que por ese camino no voy a ninguna parte. Mastico el argumento y pienso que si algo no tengo comprobado es lo de las albóndigas. A ver si va a ser una bobada y tiene razón. Además, estoy con Niemeyer. No quiero discutir. Mi objetivo es vivir cien años.