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"Parlamento europeo: transparencia e integridad"

Avatar del Javier Blázquez Javier Blázquez21/01/2023
La sombra de la corrupción sigue siendo alargada y su actividad no cesa, ya sea en Oriente Próximo o en Europa. De hecho, a través de prebendas y sobornos, los intentos de comprar voluntades se extienden hasta las más altas instituciones políticas, incluido el Parlamento Europeo. Los datos que seguimos conociendo son elocuentes. Todo comenzó en 2021, cuando los servicios secretos belgas realizaron tareas de investigación, tras sospechar de la posible injerencia interna en algunas directivas europeas. Entonces, los indicios eran ya elocuentes. El emirato de Qatar trataba de mejorar su imagen internacional dañada por las noticias publicadas sobre la discriminación sexual, el trato a los obreros emigrantes y las muertes acontecidas en la construcción de los estadios. Entre tanto, el lema que habían elegido los dirigentes para promocionar la competición internacional fue “Qatar 22: espera lo increíble”. Como consecuencia de las pesquisas policiales, las detenciones de europarlamentarios no se hicieron esperar. Fueron detenidas seis personas por “presunta organización criminal, corrupción y lavado de dinero” entre los que destacaba una vicepresidenta del Parlamento europeo Eva Kaili, quien durante un discurso en un pleno afirmó que Qatar es un país “innovador” en materia de derechos de los trabajadores y que estaba siendo objeto de acoso por parte de Occidente. A su vez, tras entrevistarse con el ministro qatarí de Trabajo en Doha, en noviembre pasado, había proclamado que Qatar se encuentra a la vanguardia de los derechos laborales.
Además de Kaili y su pareja Francesco Giorgi, asesor parlamentario, están imputados, entre otros, el director de la ONG “Fight Impunity”, el ex eurodiputado Pier Antonio Panzeri, que presidió la subcomisión de Derechos Humanos entre enero del año 2017 y enero de 2019, al finalizar tres legislaturas como europarlamentario. Su asistente, Francesco Giorgi, ha reconocido que actuaba en favor de Qatar y del gobierno de Marruecos a cambio de dinero.
Por otra parte, Panzeri mantenía contactos desde hace años con el actual embajador de Marruecos en Polonia quien había estado al frente de la delegación de Rabat en sus negociaciones con la UE. Paradójicamente, cuando Panzeri dejó de ser europarlamentario, fundó una ONG, “Fight Impunity”, que utilizaba como tapadera.
Esta ONG que, supuestamente, “lucha contra la impunidad en caso de violaciones graves de derechos humanos y de crímenes contra la humanidad” utilizaba los contactos personales con países de Oriente próximo y Norte de África para lucrarse. Además, la red de sobornos no solo pretendía “influir en decisiones parlamentarias” sobre asuntos cataríes y marroquíes. Los últimos datos publicados demuestran que trabajaba también a favor de los intereses de Mauritania.
En realidad, la investigación policial ha puesto de manifiesto que la trama de corrupción descubierta se asemeja a un seísmo que todavía podría provocar más réplicas de cierto calado. Lamentablemente, los mecanismos de vigilancia en el Parlamento Europeo ya existían, pero se ha demostrado que no son suficientes. A veces se aplican con laxitud. De hecho, no han servido para detectar este escándalo de corrupción, uno de los mayores golpes a una institución que debe dar ejemplo de moralidad pública a través de la trasparencia de sus iniciativas y decisiones legales.
El Parlamento Europeo, el principal órgano legislativo, que representa a los ciudadanos de los Estados de la Unión con 705 eurodiputados elegidos directamente por la ciudadanía, se atribuye a veces el papel de guardián moral de la UE a la hora de realizar buenas prácticas. Sin embargo, para aspirar a serlo necesita reforzar los mecanismos de control sobre los legisladores; especialmente los relacionados con intereses vinculados a terceros países. Sin más dilación. Ya que la mera sospecha de corrupción daña la reputación y la credibilidad del Parlamento europeo. A este respeto, conviene recordar, como precisaba recientemente la Presidente de la Comisión Europea Ursula von der Leyen que “la confianza necesita altos estándares de independencia e integridad”. Pero no se trata de suponerlos o invocarlos. Es preciso acreditarlos día a día, con pruebas y hechos constatables. Conviene recordar que todo comenzó en 2010 con una votación secreta en Zurich entre los miembros del comité ejecutivo de la FIFA para adjudicar el Mundial de fútbol de 2022. El expresidente de la FIFA –Blatter– y el de la UEFA –Platini– que al final votó por Qatar, acabaron expulsados del mundo del fútbol durante un periodo de 8 años. Después, varios fiscales estadounidenses que siguieron investigando la trama, afirmaron en abril de 2020, que varios representantes de Qatar y Rusia sobornaron a miembros de la FIFA para conseguir el Mundial. En la actualidad, 11 de los 22 miembros que participaron en la votación de 2010 han sido suspendidos, multados o imputados por diferentes casos de corrupción.
Por todo ello, es posible que, con el paso del tiempo, el viento del desierto de Qatar se lleve el recuerdo de los partidos, pero es difícil que consiga borrar de nuestra memoria la imagen de sobornos que hizo posible que se celebraran en Doha así como la pérdida de credibilidad –esperemos que temporal– que afectó al Parlamento europeo.
F. Javier Blázquez Ruiz Catedrático de Filosofía del Derecho. UPNA
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