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"Ni memoria, ni democrática"

"Se puede sacar la impresión de que toda la violencia ilegítima, todas las tropelías, toda la represión, cayeron del lado de los sublevados"

Avatar del Iñaki Iriarte Iñaki Iriarte12/10/2022
Recientemente, el Senado ha aprobado el proyecto de Ley de Memoria Democrática presentado por el gobierno de Pedro Sánchez. Votaron a favor, PSOE, Podemos, Más País, PNV, Esquerra, PdCat y Bildu. Votaron en contra PP, Vox, Cs y UPN.
El texto contiene muchos párrafos con los que es difícil no estar de acuerdo. “La conquista y consolidación de la democracia en España ha sido el logro histórico más significativo de la sociedad española. El asentamiento de los principios y valores democráticos que consagra la Constitución de 1978 hace nuestra sociedad más fuerte y constituyen la más clara apuesta de convivencia en el futuro”. “La historia no puede construirse desde el olvido y el silenciamiento de los vencidos”. “…preservar y mantener la memoria de las víctimas de la Guerra y la dictadura franquista, a través del conocimiento de la verdad, como un derecho de las víctimas, el establecimiento de la justicia y fomento de la reparación y el establecimiento de un deber de memoria de los poderes públicos, para evitar la repetición de cualquier forma de violencia política o totalitarismo”.
Si el gobierno y los partidos que lo apoyan se hubieran conformado con seguir estos principios, el proyecto de ley debería haber sido aprobado por unanimidad. A estas alturas, nadie en España puede considerar legítimo el secuestro de la soberanía nacional durante los cuarenta años de dictadura. España somos los españoles; quien les prive de libertad no podrá jamás hacer grande y libre a España.
Sin embargo, el texto aprobado en el Senado incluye otros párrafos y medidas que arruinan la grandeza de las frases que he entrecomillado. Quien los lea sacará la impresión de que toda la violencia ilegítima, todas las tropelías, toda la represión, cayeron del lado de los sublevados, y que todos de entre quienes les hicieron frente fueron unos perfectos demócratas.
De este modo, la ley aprobada silencia incomprensiblemente el violento “alzamiento” en 1934 de las izquierdas -incluyendo al PSOE- contra un gobierno derechista, igual de legítimo que aquel contra el que se produjo la sublevación de julio de 1936. Calla asimismo ante hechos tan relevantes como el asesinato del diputado y líder de la oposición, José Calvo Sotelo (sacado de su propia casa y asesinado por policías y matones afiliados al PSOE, quien los protegería tras el crimen). Las autoridades republicanas nunca dictaron orden de detención contra ninguno de ellos. ¿Alguien consideraría hoy completamente democrático un país donde eso sucediera? La nueva ley silencia también todos los ataques que la legalidad republicana sufrió a manos de comunistas, socialistas, anarquistas y separatistas. Estos grupos, por cierto, se hostigarían ferozmente unos a otros antes y después de julio de 1936. Por ejemplo, los hermanos Badía, líderes del partido independentista Estat Catalá, fueron asesinados en abril de 1936 por pistoleros anarquistas, en represalia, precisamente, por los previos asesinatos de correligionarios suyos a manos de sicarios de los primeros. Más tarde, durante la guerra, la retaguardia republicana no solo fue escenario de más de 50.000 asesinatos de sacerdotes y derechistas, sino también de sangrientas luchas intestinas. El anarquista Abad de Santillán se refiere, por ejemplo, a “las colectividades aragonesas [anarquistas], que abarcaban la casi totalidad de la población campesina del Aragón Libertado, aplastadas a sangre y fuego por las divisiones comunistas”. Más adelante, declara su certeza de que miles de presos en las prisiones gubernativas fueron asesinados (literalmente, “ultimados”) por los comunistas. “Pero no se crea que se trataba de presos fascistas; había tantos antifascistas no comunistas como partidarios notorios de la rebelión militar”.
El comunista Enrique Lister, en cambio, pone el énfasis en los crímenes de los anarquistas y recoge, por ejemplo, la noticia de que “en un pueblo de la provincia de Huesca fueron fusilados 18 campesinos miembros de la UGT. Dicho fusilamiento lo llevaban a efecto los pistoleros de la CNT”. “Es muy difícil decir qué pueblo de Aragón sufrió más: en todos penetró la ola de terror, en todos se perseguía a los que no acataban sin rechistar la dictadura anarquista”. Además, como Abad de Santillán, Lister reconoce abiertamente que: “En nuestro campo hubo persecuciones, crímenes e injusticias no sólo contra los enemigos de la República, sino entre los propios”. Y, por cierto, desmintiendo a quienes todavía piensan que el puritanismo era un rasgo exclusivo de las derechas, alude: “A todas esas estupideces anarquistas de que ‘el baile es la antesala de la prostitución’”.
La Ley de Memoria Democrática no dedica una sola palabra a todas estas víctimas. No es por ignorancia, porque, con toda seguridad, los historiadores que los han asesorado conocen perfectamente las obras de Abad de Santillán, Lister y otros autores que testimoniaron esa violencia perpetrada por el bando “de la democracia”. Esa amnesia deliberada es, más bien, la expresión de la voluntad del Gobierno de Sánchez por imponer un relato sobre la Guerra civil que permita culpar a media España y alinear entre los demócratas a EH Bildu.
Iñaki Iriarte López Profesor de la EHU/UPV y parlamentario foral de Navarra Suma
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