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"Quien crea que el futuro de lenguas como el catalán o el corso, podría solucionarse obligando a todos los escolares a estudiar en ellas, se equivoca"

Avatar del Iñaki Iriarte Iñaki Iriarte05/10/2022
Hace unos días tuvo lugar una manifestación en Barcelona para reclamar el cumplimiento de una sentencia judicial donde se ordena que el 25% de las clases en Cataluña sea en castellano. Gracias a ello, la lengua materna de la mayoría de los españoles, incluyendo a los catalanes, volvería a ser lengua vehicular, en una comunidad en donde vive, ahí es nada, el 16% de la población española.
Según los organizadores, asistieron a la convocatoria 200.000 personas; según la Guardia Urbana, menos de 3.000. Desconozco qué cifra se aproximará más a la verdad, pero debo de confesar que, incluso si hubieran asistido un cuarto de millón, me habrían parecido demasiado pocos. Me cuesta entender, en efecto, que en un Estado de Derecho haya que salir a la calle a exigir el cumplimiento de una sentencia firme. Y todavía más que en un Estado donde es lengua oficial en todo el territorio haya que reclamar el derecho a estudiar, siquiera parcialmente, en la lengua materna.
Exigir algo tan básico no va contra el catalán, lengua también española y cuyo porvenir, como el de las otras lenguas minoritarias de España, me preocupa. A este respecto, los despectivos comentarios que uno encuentra en internet contra alguna de éstas (“una lengua muerta”, “una lengua de aldeanos”, etc.) me parecen desatinados y comprendo que hieran a quienes han crecido escuchándolas en sus hogares. Como he señalado muchas veces en relación al euskara, creo que el amor a una lengua no puede ser obligatorio en una sociedad abierta, pero pienso también que nada más natural que el cariño hacia la lengua de tu infancia (de tu verdadera patria, que diría Rilke). Ofender gratuitamente a los demás, sobre todo a tus compatriotas, me parece muy poco inteligente. No voy a conseguir convencerlos sacándoles de quicio. Por eso, una argumentación en favor del derecho a estudiar en la lengua materna -y común a la práctica totalidad de los españoles- en las comunidades bilingües no necesita arremeter contra las lenguas regionales, ni menos aún felicitarse por su disminución. Hacerlo únicamente da razones a quienes han llegado a la conclusión de que el futuro de su cultura es incompatible con la unidad de España.
Dicho esto, quien crea que el complicadísimo futuro de lenguas como el irlandés, el catalán o el corso, podría solucionarse obligando a todos los escolares a estudiar en ellas, se equivoca completamente. Claro que se puede conseguir que todo el mundo tenga que aprender un mínimo de algo, lo que sea. Pero no que lo incorpore a su vida diaria, si no le sirve. Mucho menos se puede conseguir que lo ame. El amor exige libertad. Y, por eso, es en la libertad donde las lenguas regionales se juegan el futuro. Además, conforme los años de escuela vayan quedando lejos, la lengua aprendida por bemoles se irá oxidando, hasta convertirse en un vago y, a menudo, desagradable recuerdo. Quienes hayan estudiado obligatoriamente latín en bachillerato entenderán a qué me refiero. Nacerá pronto, acaso haya nacido ya, la generación a la que la venerable antigüedad de una lengua, su pedigrí y su vinculación con un territorio, no le impresionen lo más mínimo. El origen será para ella un título de nobleza casposo, que solo habrá servido para ponerles todavía más difícil el éxito escolar.
En la pasada legislatura, Unión del Pueblo Navarro presentó una moción en el Parlamento de Navarra en la que, haciéndose eco de las recomendaciones de la Unesco, se instaba al Gobierno de Navarra “a promover y dar a conocer a la ciudadanía la educación en la lengua materna en el marco de un enfoque plurilingüe”. Bildu presentó una enmienda para añadir la cláusula “con adecuación y atención al contexto particular de las lenguas minorizadas”. No hubo por nuestra parte muchas dudas en incorporarla. ¿Qué problema podría haber, en efecto, en reconocer que, históricamente, ha habido lenguas que no han gozado de respeto y han sido convertidas en minoritarias, mientras se destaque, simultáneamente, que los poderes públicos deben fomentar y dar a conocer las ventajas de educar en la lengua materna? La moción fue votada favorablemente por todos los grupos políticos, incluyendo a los dos nacionalistas, Geroa y Bildu. ¿Sorprendentemente? Creo que sí. Porque, por un lado, es cierto que les habría resultado muy difícil votar en contra de las recomendaciones de la Unesco y, más aún, en contra de educar “en la lengua materna en el marco de un enfoque plurilingüe”. Pero, a la vez, en Cataluña y en Euskadi los hechos muestran que el respeto a la lengua materna solo parece contar para ellos cuando se trata de las lenguas regionales, y no cuando se refiere al idioma español.
En cualquier caso, ¿hizo algo el Gobierno de Uxue Barcos para cumplir con este acuerdo del Parlamento? Por supuesto que no. ¿Y ha hecho hasta el presente algo el Gobierno de María Chivite? Por supuesto, tampoco.
Iñaki Iriarte López Profesor de la EHU/UPV y parlamentario foral de Navarra Suma
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