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"Y allí, en la que mostraba la fachada todavía en pie, la vi: la pequeña tienda de Estilográficas Antón, que hacía milagros con nuestras plumas"

Avatar del Lucía BaquedanoLucía Baquedano22/09/2022
Han derribado el último edificio que quedaba sin restaurar en la Plaza del Castillo. Estaba tan viejo el pobre que los responsables han acabado con él, a fin de levantar en el solar uno nuevo. Unas fotografías del antes y el después vinieron en el Diario de Navarra a modo de despedida. Y allí, en la que mostraba la fachada todavía en pie, la vi: la pequeña tienda de Estilográficas Antón, que hacía milagros con nuestras plumas, cambiando depósitos y plumines dejándolas listas para otra buena temporada. Como siempre he hecho buen uso de ellas, creo que puedo recordar todas las que he tenido, desde la primera, heredada de una prima, que tenía una grieta que yo solía cubrir con esmalte de uñas, para que la tinta no se escapara por ella; o la que compré con el primer dinero que gané mecanografiando juicios para un abogado. Y ¡ah!, la Montblanc que me regaló mi novio y que era una maravilla. Un lujo, diría yo, porque entonces las estilográficas, como los relojes, o eran de una buena marca o resultaban un desastre. Pero pluma buena o mala, allí estaba Antón dispuesto a ayudar a quien, como yo, dejaba en cuatro días el plumín como una escoba o a quien por poco uso se le resecaba el depósito de la tinta. Recuerdo su alegría el día que me presenté con mi Montblanc hallada en un bolso tras años de creerla perdida. Incluso le colocó la extraviada estrella de nieve del tapón porque le daba lástima que una pluma que sólo verla le alegraba el día, careciera de ella. La sigo guardando naturalmente, pero tan gastada que casi parece una brocha cuando se desliza sobre el papel. Imposible escribir decentemente con ella, y ya no hay en Pamplona otro Antón como el de la Plaza del Castillo de mis tiempos. No sólo la casa, sino también él ha desaparecido. Por eso, y no por falta de cariño, mi pluma de novia duerme en la cajita donde guardo otras que esperan pacientes a que la que ahora utilizo, empiece a parecer una escoba y yo decida jubilarla.
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