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El rincón

Hambre de coches en Volkswagen Navarra

Hablar y reconocer en público los problemas y los riesgos no debiera resultar incómodo para el Gobierno

Ampliar Volkswagen Navarra
Instalaciones de Volkswagen Navarra, en Landaben, con coches en su campaJ.C. Cordovilla
Publicado el 11/09/2022 a las 06:00
La planta de Volkswagen Navarra vuelve a vivir momentos claves, de esos que marcan el futuro. Asegurado ya que se va a montar en el tren del coche eléctrico, queda por definir la producción que tendrá asignada. Es la clave para sostener el nivel de empleo actual.
La tormenta perfecta. El sector de la automoción vive en una tormenta perfecta desde hace ya tiempo. En el corto plazo, la ausencia de microchips hace trizas la cadena de suministros y paraliza la producción. Y a medio plazo, vive la ansiedad que supone para el sector el paso del coche convencional al eléctrico, un futuro evidente, empujado por la propia UE, pero lleno todavía de incógnitas, industriales y comerciales.
Y, por si faltara algo, súmese el cambio en el concepto de movilidad de las nuevas generaciones, que añade interrogantes a un sector clásico como la automoción. Todos estos terremotos crean dudas en los consumidores a la hora de comprar. Y esa es la pescadilla que se muerde la cola.
La primera empresa privada. Para la Comunidad foral, la planta de VW Navarra es el estandarte de su sector industrial. Es la primera empresa privada de la Comunidad foral por facturación (3.000 millones anuales) y empleo (4.600 trabajadores directos), seguida muy de cerca por la Universidad de Navarra-CUN en cuanto a empleo. Si la planta de Landaben se constipa, Navarra coge una pulmonía es la frase manida (pero cierta) para explicarlo. Y una factoría que ha generado, un amplio parque de proveedores a su alrededor que multiplican el empleo, aspecto menos conocido pero igual de esencial.
Una planta eficiente, productiva y rentable gracias a su plantilla, a sus directivos y a sus representantes sociales que han sabido sumar esfuerzos y sacrificios durante años para conseguirlo. Un mérito compartido que es el punto de arranque de esta historia de éxito económico.
Y tenemos suerte. El grupo VW es el abanderado de la electrificación y tiene una ambiciosa estrategia de transformación de sus plantas en España, es decir de Seat en Martorell y de Landaben en Navarra. De hecho, el PERTE diseñado por el Gobierno se pensó primero alrededor de VW y ahora se han adherido otros. Y VW ha definido ya su futura macroplanta de baterías eléctricas en Sagunto (Valencia).
Así que la Comunidad foral ha tenido la gran fortuna de encontrarse con un grupo industrial europeo que apuesta por el futuro del sector. Que ya es mucho. Lo que pasa es que no es suficiente.
El interés de Navarra. Lo que está en discusión ahora es la producción asignada a la planta, que es la que marcará su tamaño el día de mañana. Y los representantes de los trabajadores tienen el temor de que el reparto de producción no tenga en cuenta sólo la rentabilidad de cada uno sino que, por ejemplo, ayude a Martorell, que tiene un grave problema de exceso de plantilla. Un temor unánime entre todos los sindicatos.
Desde el punto de vista de la compañía, el reparto de producción es una cuestión interna y obedece a un equilibrio de intereses diversos. Irreprochable. Pero Navarra tiene su propio interés como comunidad. Asegurar no sólo la pervivencia de la planta (lograda con los futuros modelos eléctricos) sino también su actual tamaño, para que el empleo no languidezca el día de mañana. Por eso la electrificación es una “oportunidad” y un “riesgo” como se definía esta semana.
El reto de la unidad. Navarra es un jugador muy pequeño en esta partida de ajedrez que se decide en los despachos. Ynecesita presentarse unida y con una sola voz que incluya el Gobierno, los sindicatos, las empresas y los agentes sociales. Pero la realidad no es esa. Entre bambalinas, las tensiones del Palacio de Navarra con el Comité (que preside UGT) han sido evidentes. Al Gobierno le molestan las llamadas de atención del Comité y éste le pide al Ejecutivo más vehemencia en la defensa de la planta y apoyo público.
El Gobierno claro que le dedica mucho tiempo y esfuerzo a VW. Pero no sólo debe hacerlo con gestiones “discretas” y un optimismo puramente declarativo porque abona las sospechas de que hace puro seguidismo del Gobierno central. Hablar y reconocer en público los problemas, los retos, los riesgos, no debiera resultar incómodo para el Ejecutivo, que es lo que parece que sucede. Al contrario. Es una exigencia que va unida a ejercer el liderazgo político en esta sociedad del siglo XXI.
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