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Redes sociales: juegos y riesgos

"El riesgo de navegar por Internet sin brújula es muy grande, sobre todo para los más pequeños"

Avatar del Javier BlázquezJavier Blázquez19/08/2022
Es evidente que tanto las pantallas como los videojuegos o los móviles con sus múltiples aplicaciones, ofrecen posibilidades de diversión y entretenimiento, especialmente para los jóvenes. Sin embargo, su uso conlleva también riesgos y consecuencias imprevisibles. Hablamos del intercambio de imágenes, acceso a contenidos inapropiados para determinadas edades, comunicación con desconocidos que actúan como impostores, etc... Esos juegos se convierten a veces en una competición que acaba siendo perversa. Así le ha sucedido a Archie Battersbeer, de 12 años, que murió en su casa de Sounthend, Inglaterra, el pasado 6 de agosto, tras participar en un reto viral de la red social TikTok. El desafío consistía en mantenerse sin respirar el mayor tiempo posible hasta perder el conocimiento. Sus padres encontraron al niño inconsciente en su habitación con una ligadura alrededor del cuello. Tras ingresarlo en el Royan London Hospital, los progenitores se enfrentaron a los médicos que diagnosticaron muerte cerebral en virtud de la cual no solo existe una pérdida irreversible de la conciencia, sino también de todas las funciones encefálicas.
Sin embargo, los padres emprendieron una intensa batalla legal durante varios meses, que concluyó el 6 de agosto, cuando una jueza del Tribunal Superior de Justicia decidió suspender el tratamiento y dio la orden de desconectar el respirador. Confirmaba así la decisión del Tribunal de Apelación que ratificaba una sentencia anterior: la función del tronco encefálico había cesado de forma irreversible como consecuencia de la falta de oxígeno provocada por el estrangulamiento.
En los últimos días, los padres de Archie insistieron en que el niño debería recibir tratamiento en otros hospitales del extranjero, pero el Tribunal Superior de Justicia británico denegó el permiso por el riesgo que conllevaba moverlo de su cama. Llama la atención, no obstante, que en ese dilatado proceso no se haya planteado la posibilidad de donar sus órganos (o al menos no ha trascendido públicamente), a diferencia del caso de la actriz de cine estadounidense, Anne Heche, recientemente fallecida también por muerte cerebral y desconectada una semana después del accidente de automóvil, cuyos órganos han sido extraídos para ser trasplantados.
En cualquier caso, volviendo al riesgo inherente al uso de las redes sociales, tanto en el caso del niño inglés, Archie, como en otros muchos relacionados con ciberacoso, sextorsion, etc., sorprende que la inocencia de un niño con 12 años pudiera encontrarse desprotegido y expuesto a un peligro de tamaña magnitud sin que se hayan habilitado medidas que dificulten o impidan el acceso a esos juegos. El reto viral (Blackout challenge) consistente en contener la respiración hasta llegar a desmayarse, sigue circulando. Y ya ha provocado la muerte de dos niñas en EEUU, cuyos padres han denunciado a la red TikTok por los efectos letales que el algoritmo empleado puede provocar entre jóvenes vulnerables.
No cabe duda de que es mucho lo que hay en juego. Por tanto, además de las medidas sancionadoras que merezcan recibir las acciones delictivas en el plano jurídico, tanto las instituciones, especialmente educativas, como las familias, deberían velar e intensificar su preocupación para evitar que los jóvenes puedan actuar y adoptar decisiones contrarias a sus intereses vitales.
El riesgo de navegar por Internet sin brújula es muy grande, sobre todo para los más pequeños. La intemperie es peligrosa, no tiene orillas, y ni siquiera el propio domicilio constituye ya un lugar seguro. Mientras tanto, los padres no pueden impedir que sus hijos accedan a las nuevas tecnologías ni están en condiciones de controlar cada uno de sus programas y aplicaciones de sus móviles y pantallas. No tendría sentido. Sin embargo, tampoco deberían inhibirse o mirar hacia otro lado.
Probablemente, la mayor parte de los padres están cada vez más familiarizados con los riesgos que conlleva el uso de Internet. Les va mucho en ello, pero no lo tienen fácil. Y no parece que, de momento, la tormenta vaya a amainar. Deberían contar con la posibilidad de recibir apoyo y formación a través de las instituciones, que podrían implicarse más activamente con el objetivo de que los progenitores puedan concienciar y orientar a sus hijos e hijas en el acceso a las posibilidades y riesgos que ofrecen las nuevas tecnologías.
Entre tanto, mientras se adoptan las oportunas medidas restrictivas, conviene recordar una vez más las palabras del emperador romano y filósofo estoico Marco Aurelio cuando advertía que, frente a los peligros y adversidades que nos acechan en la vida diaria “la primera regla es mantener el espíritu en calma. La segunda es ver las cosas frente a frente, y saber qué son”. Solo así será posible manejar el lenguaje con claridad y precisión (no es lo mismo muerte cerebral, estado vegetativo o estado de coma) así como tratar de resolver problemas de gran calado, como los casos mencionados.
F. Javier Blázquez Ruiz. Catedrático de Filosofía del Derecho, UPNA.
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