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"Hay que sacar más provecho de los Sanfermines, que no se conviertan en un simple recuerdo sino una vivencia diaria donde la capital siga siendo actualidad"

Avatar del Luis LandaLuis Landa03/07/2022
Después de dos años de pandemia, los habitantes de Pamplona estamos deseosos de vivir el ambiente sanferminero con intensidad. No podemos olvidar que el motivo principal de la fiesta es San Fermín, obispo navarro que propagó su fe por la Galia y Pompaelo. Sin embargo, al final de su vida, fue acusado en Amiens por los gobernadores romanos, Lóngulo y Sebastián, por convencer a los conversos que los templos de Júpiter y de Mercurio estaban repletos de ídolos inventados.
En el proceso contra Firmo, el encargado del culto pagano, Auxilio, le preguntó: “¿Eres tú el detestable hombre que apartas al pueblos de la religión de los sagrados emperadores?”
El predicador respondió: “Me llamo Fermín, soy de la lejana Hispania y ciudadano de Pamplona. Como cristiano y obispo vengo para predicar el evangelio y para aconsejaros que os apartéis del culto falso”. Ante este intercambio de palabras, un 25 de septiembre del s. III, según la tradición, el verdugo desenvainó el sable y de un golpe certero separó la cabeza del cuerpo. Según la tradición, Fermín fue enterrado en Abladene, cerca de Amiens.
La fama de Fermín se extendió por sus lugares de apostolado y en mayo del 615 se descubrieron sus primeras reliquias, pero no llegaron a Pamplona hasta 1186, colocadas en el busto de plata existente en la Catedral. Siglos más tarde, se trajeron otras partes del cuerpo (1572) para colocarlas en el relicario de plata de la actual capilla en San Lorenzo.
En Navarra no apreciamos iconografía hasta el s. XVII, a raíz del patronazgo sobre Navarra, juntamente con san Francisco Javier. Estas muestras de devoción se fueron propagando a través de bultos, relicarios, esculturas, pinturas, vidrieras, grabados y estampas.
En la actualidad, decir san Fermín es decir Pamplona y todo lo que se organiza alrededor del navarro. Además de ser una vivencia individual, representa también un cúmulo de sensaciones y emociones para poder disfrutarlas y sentirlas. Estamos hablando de misa y procesión, de vísperas y de octavas, de gigantes y de ferias, de música y de color.
Sin embargo debemos preguntarnos, ¿podríamos sacar más partido a la fiesta mundial, integrando más temas culturales, deportivos y religiosos? Porque el fenómeno centenario de los Sanfermines ya se merece una licenciatura y un doctorado en nuestras universidades con un extenso archivo de legajos, manuscritos, fondos documentales y escritos actuales; se merece un simposio anual sobre Hemingway, se merece un “san Fermín” de oro a la investigación, se merece un museo que, con la excusa de los Sanfermines, abarque todos los ámbitos sociales de la geografía navarra.
Aplaudimos al ayuntamiento por la organización de La Media, la promoción de Pamplona y Osasuna, los libros sobre la centenaria Plaza de Toros, pero ¿cómo mantenemos ese turismo a lo largo del año? Es triste que el programa y su carácter mundial finalizan el 14 de julio; apagamos las velas y ya no se encienden hasta el seis de julio. Pamplona queda dormida durante el resto de meses.
Hay que sacar más provecho de los Sanfermines para que no se conviertan en un simple recuerdo sino una vivencia diaria donde la capital siga siendo actualidad. El reciente convenio Gobierno, Ayuntamiento de Pamplona y Estado con financiación de Europa es un primer paso clave para incentivar el turismo originario de los Sanfermines, el ecoturismo y el turismo de negocios dentro del plan de sostenibilidad durante los doce meses.
Pamplona tiene una mina de oro y solo extraemos del cotizado metal una décima parte. El encierro y los toros no deben ser solo el meollo del evento. No podemos poner todo el enfoque, todos los huevos en la misma cesta, porque podemos morir de éxito. Por ejemplo, si San Mamés o Saint Germain son los estadios de fútbol de Bilbao y París, ¿el campo de Osasuna no puede llamarse San Fermín? Si en el estadio hay varias imágenes de san Fermín, si cantamos el Riau, Riau, si con el resultado en contra suplicamos al santo que meta un gol, ¿por qué no lo bautizamos con su nombre?
Es triste desplazarnos por el mundo entero y escuchar de Pamplona: “Las calles están llenas de basura y de borrachos”, “es una fiesta sin ley”, “se duerme en la calle”. Por el contrario, a nadie se le oye decir: “Estuve en un concierto delicioso”; “participé en un concurso de literatura”; “en las charlas sobre Hemingway aprendí mucho sobre Pamplona”; “en la Semana de Cine, me vi todas las películas sobre los Sanfermines”.
En suma, debemos reflexionar para convertir Pamplona en una fiesta universal durante los 365 días del año.
Luis Landa El Busto Autor del libro “Los sanfermines a través de los carteles”.
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