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Un Gobierno de Navarra obsesionado con la foto

Cuando tantos vecinos de pueblos lo han pasado tan mal, pretender salir indemne supone combate perdido

Ampliar Chivite Sendaviva
El consejero de Interior, Javier Remírez, haciendo fotos o grabando un vídeo con el móvil el pasado 24 de junio, durante la visita que realizó junto a la presidenta María Chivite al parque de Sendaviva, dañado por los últimos incendiosBLANCA ALDANONDO
Publicado el 03/07/2022 a las 06:00
El pasado 18 de junio, cuando asistían impotentes a cómo los incendios se acercaban imparables hacia las paredes de sus casas, vecinos de Obanos telefonearon al 112 para narrar la situación y, en definitiva, solicitar ayuda. Las respuestas que obtuvieron, sin embargo, incrementaron el nerviosismo de quienes se sentían atrapados en una localidad que se encontraba rodeada por distintos avances de fuego: debido a lo que ya se estaba desatando a la vez en diversos lugares de Navarra, los bomberos no daban abasto y la recomendación fue que los propios vecinos intentasen en un primer momento tirar de cubos de agua y mangueras. Muchos lo hicieron, uno incluso propiciándose una herida sangrante en el brazo que obligó a su traslado al hospital. Y también muchos vecinos, agobiados por el humo y sobre todo el miedo, subieron a familiares en sus vehículos y salieron en hilera de la localidad rumbo a Puente la Reina o Pamplona.
Hubo desalojados en Obanos y en más municipios navarros. Hasta un total de nueve mil personas dejaron sus viviendas sin conocer bien si el tiempo para el regreso se contaría en horas, días o incluso eternidades en el caso más extremo de que no hubiera vuelta al no haber ya viviendas. Por otro lado, quince mil hectáreas calcinadas en los incendios más severos de la historia de la Comunidad foral. Pero el Gobierno de Navarra, que no consideró necesario activar el nivel de preemergencia del plan de protección civil a pesar de que había condiciones meteorológicas, sequedad en campos y montes y antecedentes inmediatos que hacían presagiar que podía ocurrir lo que efectivamente ocurrió, ha hecho todo bien. Al menos así lo trasladan públicamente los máximos responsables en la gestión de lo acontecido, los consejeros de Interior y Medio Ambiente, Javier Remírez e Itziar Gómez respectivamente, y la presidenta María Chivite como superior máxima. ¿Asunción de errores? ¿Qué es eso? ¿Autocrítica? ¿Qué es eso? Debía de ser tan innecesario activar la preemergencia que el Ejecutivo puso en marcha directamente el nivel 2 de emergencia general con las llamas ya incontroladas el sábado por la tarde. Cuatro de los incendios de ese maldito sábado 18 de junio tuvieron sus orígenes en labores agrícolas, al igual que tres del viernes previo que el consejero de Interior curiosamente obvió en su comparecencia parlamentaria de esta semana. Haber decretado con la preemergencia la prohibición de las citadas labores y establecer un debate al respecto constituye criminalizar a los agricultores, según se ha excusado Remírez, pero por eso el domingo 19 el propio Gobierno difundió en redes sociales que la policía cortaba el paso a algún agricultor desobediente y hasta detenía a uno por resistirse.
En su escapatoria constante, el titular de Interior tropieza en contradicciones. También en disonancias como la de fotografiar o grabar con el teléfono móvil los destrozos del incendio en Sendaviva durante una visita institucional. Hay momentos graves en los que uno debe cuidarse de parecer un turista al que lo mismo le da inmortalizar la hornacina de San Fermín que los garrotes del escaparate de Pastas Beatriz. Por sentido común. Y por decoro. Sin embargo, el Ejecutivo desprende innumerables signos de estar más preocupado en el adorno y en qué mensaje transmitir, estado en crecimiento porque ya queda cada vez menos para las elecciones. Cuando los policías forales, por medio de los dos sindicatos que suman la mayoría representativa en el cuerpo, exigen la dimisión de los responsables de Interior, quizás sea por algo. Cuando los propios bomberos protestan por la gestión gubernamental de los recientes incendios, quizás sea por algo. Cuando tantos vecinos de pueblos lo han pasado tan mal y tardarán en desagarrar el olor a quemado de las paredes de sus fosas nasales, pretender salir indemne supone combate perdido. Nadie dijo que gestionar resultase fácil. Y menos si casi todo se circunscribe a tuits y propaganda.
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