"La semana de cuatro días, obteniendo la misma productividad y con el mismo sueldo supone un cambio de modelo de las relaciones laborales"

Publicado el 20/06/2022 a las 06:00
La repercusión que ha tenido en los medios de comunicación la noticia de que la empresa Telefónica (17.000 empleados), una vez superada la prueba piloto, ha extendido a toda la plantilla la “semana flexible bonificada” (trabajar cuatro días a la semana, sin reducción del sueldo) constituye una oportunidad para reflexionar acerca de si nos encontramos en el umbral de un cambio histórico en el modelo de relaciones laborales. No es la única empresa española que ha optado por esta innovación. Una pequeña empresa jienense de software, Delsol, ha sido pionera en reducir la jornada de sus 186 trabajadores a cuatro días y sin merma salarial.
Ya fue revolucionaria la jornada de 40 horas que en España se introdujo en 1919. Aunque estamos muy lejos de la profecía del economista Keyness, quien en 1930 afirmaba que noventa años más tarde se trabajaría 15 horas semanales. Trabajar cuatro días a la semana y percibir el sueldo de cinco, consiguiendo la misma productividad es algo que muchos científicos ponen en cuestión. Sin embargo, los diferentes ensayos que se están haciendo dan resultados muy positivos. Hasta ahora el más ambicioso ha sido el de Microsoft en Japón en 2019, donde la productividad creció un 40%.
La semana de cuatro días, obteniendo la misma productividad y con el mismo sueldo supone un cambio de modelo de las relaciones laborales. Va más allá de la flexibilidad, del teletrabajo y de la suma de horas trabajadas. No se trata de reducir progresivamente las horas de trabajo anuales. En Suecia se trabajan 30 horas semanales. En Holanda 28,9. En Alemania 32. En Navarra se están firmando numerosos convenios colectivos donde el número de horas trabajadas se encuentra en torno a las 1.600 horas al año (37 horas semanales), sin que se reduzca la productividad y, al mismo tiempo, se incrementan los salarios.
La semana de cuatro días no es un tema nuevo en la agenda de las relaciones laborales. Ya en 2014 Jon Messenger, experto de la OIT, hablaba de las ventajas para los trabajadores y empresarios de la semana de cuatro días. Prácticamente en todos los países avanzados se están llevando a cabo ensayos para ver cuáles son las consecuencias de su aplicación. Las universidades de Oxford, Cambridge y el Boston College de Estados Unidos están llevando a cabo un ambicioso proyecto en el que participan más de 3.000 trabajadores y 70 empresas de diferentes sectores, desde empresas de alta tecnología a pescaderías de barrio, y cuyo objetivo es comprobar los efectos en la productividad, en el absentismo, en la conciliación familiar y en el bienestar de los trabajadores.
Los beneficios observados que obtiene el trabajador son la disponibilidad de tiempo para realizar otras actividades, bien sean formativas o deportivas o incrementar las relaciones sociales. La mayor parte de los entrevistados destacan la mejora en la conciliación familiar. En general, crece el bienestar de los trabajadores y su estado de salud, lo que se traduce en ir más contentos a la empresa, mayor satisfacción y tener un mayor rendimiento. Por otro lado, muchos trabajadores evitan un día a la semana largos y penosos desplazamientos.
Las ventajas observadas para las empresas son, además de convertirse en empresas muy atractivas para los jóvenes, una implicación mayor del trabajador, mejora el clima laboral, se reduce de manera notable el absentismo y, curiosamente, no disminuye la productividad. “Cuando uno se sienta solamente cuatro días a la semana delante de un ordenador, tiene mayor motivación, más creatividad y concentración en el trabajo”. La empresa austríaca Naturkosmetik constata que la productividad es mayor con cuatro días de trabajo. En el caso de absentismo, tan elevado en España, se ha demostrado que los trabajadores de la semana de cuatro días, que antes pedían permiso para asuntos personales o familiares, como consultas médicas, ahora no lo hacen y dejan esas obligaciones para el viernes. Parece también una buena estrategia para evitar el fenómeno conocido como Burn-out o agotamiento psicológico de los trabajadores.
En España las experiencias son pocas. A nivel oficial, el gobierno, por iniciativa de Más País, y el Ministerio de Industria va iniciar un ensayo al que se destinarán 50 millones de euros de los Fondos Europeos y en el que participarán entre 150 y 200 empresas. Las empresas que participen tendrán como mínimo seis trabajadores y 200 como máximo. En la Comunidad de Valencia está ya en marcha un proyecto similar que durará tres años. Sin embargo, de una investigación realizada el año pasado por Adecco y Cuatrecasas se deduce que el 74% de las empresas entrevistadas no están de acuerdo con la semana laboral de cuatro días. Solamente un 14% la verían factible. El 52% asegura no tener margen de productividad para armonizar una jornada más reducida a la semana y un 42% dice que no dispone de margen de beneficio para mantener el nivel salarial con una jornada menor.
Pero el cambio está ahí, llamando a la puerta. Es necesario dar respuesta a las demandas de los nuevos trabajadores que quieren más horas para su vida personal y para la conciliación familiar.
Luis Sarriés Sanz, Catedrático de Sociología