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"Apología de las armas en Estados Unidos"

"En EEUU, buena parte de los cargos electos no se plantean prohibir el acceso a las armas, a pesar de que se cobran anualmente la vida de 40.000 personas"

Avatar del Javier Blázquez Javier Blázquez06/06/2022
Los tiroteos masivos no surgen como fruto del azar, ni acontecen solo en determinadas naciones. Son fruto de decisiones humanas. Lo relevante para intentar evitarlos es la actitud preventiva que pueden adoptar los representantes políticos. Es evidente que los países anglosajones no son los únicos que han padecido la muerte de víctimas indefensas. Sin embargo, en EEUU, donde existen 300 millones de armas en circulación, las matanzas se prodigan con mayor virulencia, tal y como la que ha tenido lugar recientemente en el campus del hospital de Saint Francis, en Tulsa, en el Estado de Oklahoma, EEUU. O en la escuela primaria de Uvalde (Texas) donde hace unos días perdieron la vida 19 niños y 2 profesoras, a manos de un joven de dieciocho años, que mataba el tiempo en su casa con videojuegos de guerra.
Una tragedia similar se produjo igualmente hace dos semanas en Búfalo, a manos de un supremacista, también de dieciocho años, abducido por la teoría de la sustitución. Pero el luto y el duelo no han durado mucho tiempo en las calles ni en las corporaciones. El culto a las armas exhibido en la Convención de la Asociación Nacional del Rifle, celebrada en Texas, ha mostrado de nuevo su faz: “Conseguiremos que las escuelas sean más seguras”.
No obstante, es fácil constatar cómo las medidas adoptadas por Gran Bretaña, Nueva Zelanda, Australia o Canadá, difieren de las decisiones políticas seguidas en EEUU que prefiere seguir adquiriendo armas para defenderse. Eso es lo importante, argumentan una y otra vez. Defenderse. Pero ¿de quién o de quiénes? La respuesta no ofrece lugar a dudas: de sí mismos, cuando se atacan con violencia.
Tras la muerte de varias decenas de musulmanes en marzo de 2019 en el interior de una mezquita en Christchurch, el Gobierno de Nueva Zelanda decidió prohibir el uso de armas semiautomáticas y de rifles de asalto. Promovió también un plan de recompra de las armas que se encontraban en manos de los ciudadanos. A su vez, cuando Marc Lépine asesinó en 1989 a catorce universitarias en Montreal, el Gobierno de Canadá aumentó las restricciones respecto a la posesión de armas y ahora pretende perseguirlas.
Por su parte, el Gobierno de Australia, considerado como un ejemplo a seguir en el control de armas, emprendió en los años noventa un programa de recompra masiva de armas a particulares. Esa decisión se produjo tras la matanza de 38 personas en un café de Tasmania. Poco tiempo después, el primer Ministro, Jon Howard, del partido conservador, consiguió convencer al resto de partidos para aprobar una profunda reforma de la legislación restringiendo de forma drástica el derecho a llevar armas.
Investigadores de la Universidad de Harvard han confirmado la eficacia de estas medidas. De hecho, siete años después del siniestro tiroteo, se ha producido en Australia un descenso del 42% de los homicidios por arma de fuego y una caída del 57% de los suicidios. Por su parte, diversos estudios de la Universidad de Oxford demuestran que, en la medida en que las armas de fuego son más accesibles, se incrementa el riesgo de ser víctima de un homicidio ocasionado por una ráfaga de balas.
En cuanto a Gran Bretaña, tras la muerte violenta de 16 personas en Hungerford, en agosto de 1987, perpetrada por un joven de veintisiete años, Michael Ryan, entre las que se encontraba su madre, el Parlamento británico aprobó una ley que prohibía la posesión de rifles semiautomáticos -como los que utilizó- y restringió igualmente el uso de escopetas. Varios años después, en 1996, murieron asesinados 15 escolares de edades comprendidas entre cinco y seis años en Dumblane (Escocia). A partir de ese momento, el Gobierno prohibió el uso de todas las armas de fuego, salvo las armas cortas, que después serían vetadas igualmente por el partido laborista. En la actualidad, Reino Unido ostenta una de las tasas más bajas de muertes provocadas por armas de fuego. Sin embargo, en EEUU, buena parte de los cargos electos no se plantean prohibir el acceso a las armas, a pesar de que se cobran anualmente la vida de 40.000 personas. La Segunda Enmienda de la Constitución redactada a finales del Siglo XVIII, que protege el derecho individual a poseer armas de fuego, sigue siendo de carácter sagrado, aun cuando los homicidios en Texas han aumentado un 90% en la última década.
Paradójicamente, dirigentes políticos, como el expresidente Donald Trump y otros gobernadores y senadores republicanos -que han levantado la voz con vehemencia para invocar el respeto a la libertad- son los mismos que pretenden convertir el territorio de EEUU en un gigantesco campamento que cuente, como precisa el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, “con puestos de control por todas partes vigilados por hombres armados”. Incluso en los colegios, a pesar de que muchos padres defienden que las escuelas están para enseñar y aprender. No para morir. Lejos, muy lejos, quedan las palabras elocuentes de Víctor Hugo cuando afirmaba, en pleno siglo XIX, respecto a quienes defendían la instauración de la pena de muerte: ¿Cómo piensa el Estado evitar las muertes? ¿Matando?
F. Javier Blázquez Ruiz. Catedrático de Filosofía del Derecho. UPNA.
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