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A mi manera

El titular que nunca aparecerá en el periódico

Detrás de la violencia que somete Ucrania, de los insultos en el Congreso, de los políticos que identifican los vicios con el adversario y se apropian de las virtudes; detrás de todo esto la gente se sigue queriendo

Ampliar A* Jesús Garzaron
F* 2017_06_27
T* Llegada niños saharauis
L*  Aeropuerto Pamplona
 Un hombre se abraza a una niña en el recibimiento a niños saharauis en el aeropuerto de Pamplona en 2017. jesús garzaronJesus M Garzaron
Actualizado el 22/05/2022 a las 00:19
Si hoy amanecieras por primera vez y buscaras saber qué ocurre a tu alrededor por el periódico o la televisión llegarías a la conclusión de que los problemas del mundo se resuelven en disputas agrias, con insultos y amenazas o apropiándonos a sangre y fuego del territorio del adversario. Detrás de esta violencia que somete Ucrania a la ira de Putin, de los insultos en el Congreso, de los políticos que juegan a identificar en el contrincante los vicios y a apropiarse de las virtudes o de los manejos de espionaje de Pegasus para la descalificación del otro..., detrás de todo esto la gente se sigue queriendo.
Querer no es verbo que asimile con naturalidad la tinta de la que se nutren los periódicos. Tiene una pátina que el oficio relaciona con el tejido blando y el buenismo. Por eso forma parte de una realidad que no es noticia. Sin embargo de los cines las parejas salen de la mano y a las puertas de los colegios los padres y los abuelos se arremolinan a la espera para abrazar a sus niños. En Eurovision el público de 26 países vota como gesto de cariño para que gane Ucrania . En los hospitales los enfermos ingresados pasan el día acompañados de personas que les quieren. Hay gente en la cafetería que te abre la puerta y cede el paso en el acceso al ascensor o el asiento en la villlavesa y ahora mismo, aquí, en mitad de la calle un hombre ayuda a otro a abrir con la nueva tarjeta el contenedor de orgánica. Eso es amor verdadero. Me he detenido un minuto a disfrutarlo. En pleno centro. En la Plaza del Castillo que explota de buen rollo un miércoles a las ocho y media de la tarde. Me ha apetecido hacerlo después de oír cómo el psicólogo Luis Arbea confesaba en voz alta el amor a su hija en la presentación de su último libro en el Casino Principal. “Leire, te quiero”, expresado delante de un nutrido grupo de asistentes al acto. Arbea se permitía además insistir en la idea: “Hay que decir más veces ‘te quiero’ y ‘gracias’” y se quedaba tan ancho en medio de un salón tan acostumbrado como el mundo a escuchar en el debate público el concierto de la descalificación permanente del otro. “Gracias por estar aquí, por venir, gracias, que es una forma pudorosa de decir te quiero”, remarcaba.
 Y uno sale a la calle y se olvida de Sánchez y de Feijóo, de Abascal, Montero y de Putin y me paro a observar cómo una veinteañera mira el móvil y envía un mensaje: “Mami, no llegaré tarde. Besos”. La chica se siente descubierta y su observador que soy yo, se percibe invasivo. Retiro la mirada. Respiro profundo. Abro el libro de Arbea sobre la muerte (“Hora de partir” se titula) y me paro a leer a la altura del Gayarre : “¡Qué mejor que empezar con algo sencillo y al alcance de todos!” dice el libro. “Sonreír más a la vida. Sonreír más al que tengo cerca, a mi familia, a mis compañeras de trabajo, al vecino que no piensa como yo. Una sonrisa que puede propiciar una convivencia más cercana y solidaria”.
Ensayo la invitación de Arbea y se me pone cara de bobo. Me veo en un escaparate. Un tipo solo, paseando con un bolso en bandolera, y forzando a los lados las comisuras de los labios para sonreír. Pero en la calle mi gesto no choca. Mucha gente lo hace. Los viernes o los sábados el telediario o el periódico debería abrirse con un título que recogiera la gran sonrisa de la gente: Es una noticia que nadie cuenta.
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